09 jul 2020

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El tablero político español

Pedro Sánchez y Carmen Calvo, el pasado martes en el Congreso, durante el debate de investidura.

DAVID CASTRO

Tranquilos, que no pasa nada

Rosa Paz

El Gobierno reitera que la política catalana no afectará a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado

El Gobierno se ha recomendado optimismo y agilidad para ir saltando los obstáculos que la situación política, en particular la catalana, le va poniendo en el camino. Así que donde el común de los mortales ve dificultades, los miembros del Ejecutivo, al menos en sus declaraciones públicas, solo ven pequeños inconvenientes fáciles de superar. Es el caso de las vicepresidentas primera y tercera, Carmen Calvo y Nadia Calviño, respectivamente, que han considerado este fin de semana en sendas entrevistas que la política catalana no afectará a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado.

Por ser más precisa, lo que ambas han expresado, cada una en su estilo, es su esperanza en que las tensiones en Catalunya entre Junts per Catalunya y ERC no interfieran en la política española. A su juicio eso no debería ocurrir y, de hecho, se atreven a sugerir que no ocurrirá, aunque el futuro electoral de las dos formaciones soberanistas pase también por lo que apoyen o no apoyen en las Cortes Generales y por las consecuencias que esas decisiones puedan tener en su lucha por la hegemonía del independentismo.

Curtido en la supervivencia política

Se puede intuir en la actitud de las vicepresidentas la influencia del presidente, Pedro Sánchez, una persona curtida en la supervivencia política, incluso en las pruebas más difíciles que se le pueden plantear al líder de un partido. Solo hace falta recordar su capacidad para renacer de sus cenizas cuando fue derribado por quienes parecían los más poderosos del PSOE y a quienes aniquiló en las siguientes primarias unos meses después.

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¿Qué puede ser para Sánchez tan díficil de superar que le impida, pongamos por caso, aprobar los Presupuestos? Algo se le ocurrirá, porque tenacidad no le falta, capacidad de rectificación tampoco y la audacia es uno de sus signos de identidad, aunque a sus críticos esa osadía les parezca temeridad. Así que, aunque aparentemente no esté en las manos del Gobierno evitar lo que pueda ocurrir en el escenario catalán, y de rebote en la política española, el mensaje que se emite desde el Ejecutivo es un “tranquilos, que no pasa nada” o, al menos, un vivamos el presente, que el futuro ya se verá como es cuando llegue.

No es mala esa tendencia a recurrir a la filosofía oriental del aquí y ahora si mientras tanto se trabaja para ir eliminando los obstáculos que existen en el presente y para tratar de evitar los que pueden aparecer en el futuro inmediato. Es de esperar que a eso se esté dedicando el Gobierno y que cuando se desea que ERC distinga la política española de la catalana o se aspira a que los grupos políticos tengan altura de miras para priorizar los Presupuestos -que viene a ser lo mismo-, el presidente, las vicepresidentas, el vicepresidente, los ministros y las ministras dediquen sus esfuerzos a mimar y tratar de convencer de ello a los dirigentes de Esquerra. Porque ya lo advirtió Gabriel Rufián, sin su apoyo no habrá legislatura, es decir, no habrá Presupuestos ni posibilidad alguna de que el Gobierno de coalición progresista perdure.