04 jun 2020

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LA CLAVE

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, en septiembre del 2017, en el Parlament.

FERRAN NADEU

Puigdemont, Junqueras y el doctor Rotwang

Luis Mauri

ERC y JxCat han permutado sus papeles. Esquerra presenta hoy el rostro pragmático y los posconvergentes, el fundamentalista. Esta doble transfiguración es muy inestable: las elecciones la consolidarán o la arruinarán

La historia del combate por la hegemonía en el nacionalismo catalán está cargada de permutaciones. Algunas son curiosas, como el canje de exsecretarios generales entre ERC y Convergència hace dos décadas. Àngel Colom fue fichado por Pere Esteve para CDC en el 2000, cuatro años después de haber salido por piernas de Esquerra para evitar su defenestración. Avanzado el mismo año 2000, Jordi Pujol apartó a Esteve de la secretaría general convergente y tres años más tarde este figuraba ya en las listas de ERC.

Una permuta especialmente significativa es el intercambio de roles tras el fracaso de la independencia unilateral. En el 2017, los republicanos fueron decisivos para empujar a Carles Puigdemont hacia la DUI. Las 155 monedas de Gabriel Rufián, el desconsuelo de Marta Rovira, el estruendoso silencio de Oriol Junqueras... Poco después, a primeros del 2018, los papeles ya estaban cambiando. Nadie había hecho autocrítica (tampoco hoy), pero ERC empezaba a acariciar el característico posibilismo convergente mientras Puigdemont y los suyos se entregaban al culto rigorista.

Hoy, ERC presenta el rostro pragmático del nacionalismo catalán y la posconvergencia de Puigdemont, el fundamentalista. Esta doble transfiguración es muy inestable, es cierto, pero ni el doctor Rotwang la habría logrado en menos tiempo en su laboratorio de Metrópolis.

Factores impredecibles

El experimento afrontará en los próximos meses su fase final. Las elecciones catalanas consolidarán o destruirán la última permuta nacionalista. Intervendrán factores impredecibles: el grado de resistencia de ERC al sabotaje del diálogo con el PSOE; la fragilidad del Gobierno de Pedro Sánchezcrudamente manifestada tras el anuncio de Quim Torra; el hiperliderazgo de Puigdemont en JxCat y la búsqueda de recambios o complementos; la fragmentación posconvergente y su traducción electoral…

Esquerra confía en que las urnas le otorgarán, esta vez sí, la corona nacionalista y su correspondiente poder de influencia en Madrid. En cierto modo, el legado de Pujol. Pero la campaña se le hará muy larga. Puigdemont y su subalterno Torra se encargarán de ello.