24 sep 2020

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Dinero difícil

Un hombre ondea una bandera británica desde un coche por el centro de Londres, este viernes.

DANIEL LEAL-OLIVAS (AFP)

Experimento proteccionista

Albert Sáez

Donde se la juega la UE es en la negociación del nuevo tratado comercial con los británicos. Si el acomodo final es beneficioso, la puerta de salida tendrá cola

Abrimos el mes de febrero con un nuevo experimento proteccionista: el 'brexit'. Gran Bretaña no quiere salir de Europa, pero quiere que la UE salga de la Gran Bretaña. Siempre tan paradójicos, como cuando hay niebla en el canal de la Mancha y anuncian que “el continente está aislado”. ¿Será capaz la UE de aguantar este pulso? En la negociación del 'brexit' ha mostrado firmeza. Merkel dio una orden clara y precisa: no hay mercado común sin política común. No hay las ventajas de la City sin el lampista polaco que tanto a asusta a los ancianos de la campiña inglesa. Donde se la juega la UE es en la negociación del nuevo tratado comercial con los británicos. Si el acomodo final es beneficioso, la puerta de salida tendrá cola. Si es perjudicial, Krugman dice que pueden perder un 2% del PIB, entonces no hay que descartar que pidan el reingreso.

Gran Bretaña es el segundo experimento proteccionista del siglo XXI. Se suma a los Estados Unidos de Trump. Cerrar fronteras, reabrir fábricas, evitar la multilateralidad medioambiental, Gran Bretaña para los británicos, América para los americanos, esa es la receta, la única receta de los proteccionistas de este siglo. Pero, de momento, en Michigan siguen sin fabricar coches. Y Nissan, por ejemplo, se plantea sacar las factorías de la isla para mantenerlas en la zona euro antes que ampliarlas. Dependerá del futuro tratado comercial. La UE no se lo debería poner fácil para quedarse en Gran Bretaña y vender en el continente aislado. Al populismo se le combate demostrando que es realismo mágico, 'fake' economía basada en 'fake news'. Los hechos alternativos de Trump no son más que indicadores falsos cuando se trasladan a la economía real. Y la realidad, antes o después, se impone.

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El 'brexit' es una gran oportunidad para la UE. Permite acabar con el lastre británico. Con la City presionando sobre el euro gracias a los complejos mecanismos de toma de decisiones. Se acaban los apaños de las dos velocidades. Los siguientes en amenazar para irse no dan tanto miedo. Polonia o Hungría son bajas asumibles. Todo depende del futuro tratado comercial con la Gran Bretaña. Bruselas debe convertir la salida en un precipicio. De lo contrario, las fuerzas centrífugas serán dominantes en sus órganos de gobierno. Esa es la gran partida de este año. Los grandes rivales de la UE no son los proteccionistas que se quemarán en su propia hoguera, sino esos nuevos adalides del libre comercio que basan su competitividad en el estraperlo, en la especulación a partir de la asimetría de los impuestos y las regulaciones: China, Rusia, Brasil, India.

El Green Deal es la gran esperanza del proyecto europeo. La emergencia climática genera hoy los grandes consensos, entre empresarios y trabajadores, entre estados y sociedad civil, entre la Europa calvinista y el sur católico. Porque la lucha contra el cambio climático proporciona un enorme propósito compartido: la sostenibilidad, que tienen derivadas energéticas, monetarias, laborales, regulatorias, financieras, etcétera. Aislados, sí, pero de los socios tóxicos.