09 jul 2020

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Dos miradas

Imagen de Kobe Bryant en el Staples Center de Los Ángeles, California.

EFE

Violadores

Emma Riverola

Quizá el error es ver dioses a los que adorar cuando solo son hombres a los que es posible condenar

Amamos sus películas, sus novelas, sus cuadros o sus gestas deportivas. Son leyenda por sus obras y generan admiración. Pero también sabemos todo el dolor que son capaces de provocar. Polanski acusado de violar a una niña de 13 años. Picasso golpeando hasta dejar inconscientes a sus amantes. Kobe, el llorado Kobe, presunto violador de una camarera de hotel a la que la presión pública dio la estocada. ¿Cómo se habrá sentido leyendo panegíricos mundiales del hombre que destrozó su vida?

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Cuando la periodista de 'The Washington Post' recordó la violación de Kobe recibió miles de amenazas. ¿Hubiera despertado tanta virulencia si el delito de Kobe hubiera sido un asesinato en una pelea? ¿Y si el periodista hubiera sido un hombre? No sé cuál debe ser la actitud ante las monstruosidades de los genios. Ni si debe ser colectiva o particular, dependiendo del sesgo moral de cada uno. Pero por respeto a las víctimas, el silencio nunca debe ser la respuesta. Quizá el error es ver dioses a los que adorar cuando solo son hombres a los que es posible condenar. Al fin, su delito prescribe con la muerte. Su obra perdura para la humanidad.