30 mar 2020

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Editorial

El Parlament, paralizado

El pulso entre Junts per Catalunya y ERC lleva al bloqueo de la Cámara catalana y convierten las elecciones en la única salida responsable

El Parlament, paralizado

ELISENDA PONS

A puertas de empezar la tramitación de unos Presupuestos de la Generalitat largamente esperados (y muy necesarios para Catalunya) el Parlament se encuentra paralizado –y la legislatura, en suspenso– a causa del choque entre los dos socios del Govern, ERC y Junts per Catalunya (JxCat). En otra sesión para el olvido en el hemiciclo catalán, ambos partidos mostraron ayer su  división a cuenta de la decisión de la Junta Electoral central (JEC), ratificada por el Tribunal Supremo (TS), de dejar al ‘president’ Quim Torra sin escaño. La Mesa del Parlament, presidida por el republicano Roger Torrent, decidió obedecer al TS y aceptar por asentimiento la decisión del secretario general del Parlament de empezar el el trámite para la sustitución de Torra. Como respuesta, JxCat ha anunciado que no emitirá ningún voto hasta que se vuelva a reconocer a Torra.

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Desde un punto de vista legal, poco margen tenía Torrent si quería evitar la desobediencia y defender la validez las decisiones que pueda tomar el Parlament a partir de ahora. Es cierto que la decisión de la JEC de avanzarse al TS y suspender como diputado a Torra es discutida y discutible, empezando por varios varios miembros de la propia JEC y de la fiscalía. Pero en el momento en que el TS ha avalado la resolución de la JEC en un Estado de derecho solo cabe obedecer la decisión judicial. La desobediencia que propugna JxCat ya se ha demostrado como un estéril camino a ninguna parte. Y más aún si se tiene en cuenta que la decisión final del TS respecto la inhabilitación de Torra llegará más pronto que tarde, y es muy probable que implique la suspensión del ‘president’, entre otros motivos porque en su juicio reconoció la desobediencia de la que se le acusaba.

Lo sucedido ayer en el Parlament no se entiende en términos legales ni de grandes principios, sino políticos e incluso electorales, con vistas a unas elecciones inevitables en las que ERC y JxCat dirimirán su pulso por la hegemonía en el campo independentista. Que Torra deba dimitir o no como ‘president’ una vez ha perdido su escaño no es automático y está sujeto a interpretación legal. A la espera de la decisión final del TS, JxCat podría haber optado por continuar con la legislatura, pero su postura irredenta solo logra acelerar su fin con el bloqueo del Parlament. La mayoría de Govern demuestra su división en un momento especialmente delicado, a las puertas de empezar la tramitación de unos Presupuestos que han negociado ERC y los Comuns.

Es irresponsable que la tramitación unos Presupuestos tan importantes, demandados por amplias capas de la sociedad catalana, se pueda ver abortada por el pulso entre los dos socios del Govern. La función del Parlament, cuya integridad JxCat tanto dice defender, es legislar, y desde hace tiempo en la Cámara se busca el enfrentamiento estéril con el Estado en lugar de efectuar su trabajo. Tenemos un Govern con sus socios enfrentados, paralizado, del que el 61% de catalanes cree que no sabe resolver los problemas del país. Así las cosas, por mucho que el momento sea inoportuno por los Presupuestos, convocar elecciones es la única salida responsable.