20 feb 2020

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ANÁLISIS

Setién, durante el Ibiza-Barça de la Copa del Rey.

AFP / JAIME REINA

Susto morrocotudo en Ibiza

Antonio Bigatá

El día del Granada, tras el debut de Quique Setién hubo tanto cariño ciego hacia sus históricos cariños cruyffistas  que se dijeron tantas medias verdades piadosas sobre el nuevo juego y el mejor rendimiento del Barça que después posiblemente será bueno de cara al futuro el inmenso susto de Ibiza y el regreso a la realidad.

Hagamos confesión general: contra los andaluces la disposición esencial de los jugadores sobre el campo era idéntica a la que tenían con el Txingurri Valverde en el banquillo. Por ejemplo, Arturo Vidal, tan poco querido por los puristas del viejo tiki-taka,  fue tan básico e importante para el equipo como lo había sido en los encuentros inmediatamente anteriores. La alineación de Ansu Fati como solución a la ausencia de Luis Suárez también formaba parte de la lógica del técnico vasco.

No fue ninguna declaración de intenciones que diferenciase a Setién de Valverde, a quien ya solo le falta que le reescriban lo que hizo

No fue ninguna declaración de intenciones que diferenciase a Setien de Valverde, a quien ya solo falta que le reescriban lo que hizo y se empiece a decir que Fati está donde está como muestra de la confianza en los jóvenes que tiene en nuevo entrenador cántabro.

Y lo más alabado de todo, los minutos que tuvo Riqui Puig después de ver su naufragio total en Ibiza quedan como una quizás frívola concesión a la galería de Setién :  este chico es una gran promesa que necesitaba (y necesita) la cesión seria para que madure que recomendaba Valverde y que no pudo materializar por la resistencia del entorno del jugador, opuesta a que se bregase cada semana luchando contra adversarios duros e intensos en vez de estar protegido y resguardado por sus compañeros barcelonistas durante los pocos minutos que lógicamente puede llegar a jugar con el primer equipo.

Pasado de moda

Se ganó al Granada por 1-0, con el gol tradicional de Messi en los partidos estériles de sus compañeros. Se demostró por enésima vez que batir el record mundial de pases en las afueras del área, como en los rondos del balonmano, no tiene la pega de estar pasado de moda --que lo está-- sino que la pega real es que desde hace cuatro o cinco años todos los equipos que se enfrentan al Barça han aprendido a contrarrestarlo. Lo saben GuardiolaMartino y Luis Enrique, y era consciente asimismo Tito Vilanova, por lo que intentaron evolucionarlo, pero los nostágicos irredentos de la prensa y la grada sueñan con repetirlo.

¡Qué pérdida de tiempo pedirle a Setién que choque con la realidad!

Es verdad que a veces la calidad técnica de los jugadores del Barça logra perforar los muros que les construyen delante con habilidades supremas, pero en el fondo únicamente Messi ofrece garantías de hacerlo. Y mientras aquí forcejemos internamente sobre eso, otros equipos --sin Messi-- se van llevando las Champions a sus casas.

¡Qué pérdida de tiempo pedirle a Setién que choque con la realidad!  Ojo, ni el Granada era un equipo especial (aunque estuvo muy bien colocado y fue intenso en la tarea), ni el Ibiza de Segunda B destaca por su perfección defensiva, pero aun así los dos equipos hicieron sufrir muchísimo al Barça cuando impermeabilizaron su área ante las pretensiones de otro record de pases.

Quique tal vez conseguirá buenos resultados, pero hasta ahora lo más visible de la aportación hecha en los dos planteamientos que ha organizado es su ingenuidad táctica y su dependencia de Messi, tanto  cuando el argentino estuvo sobre el césped como cuando le puso a descansar. 

Amar a Cruyff sobre todas las cosas es una religión tan buena como algunas otras, pero todavía sería mejor plantear las cosas tal como las habría hecho evolucionar el holandés si aún no hubiese ascendido a los cielos.

El riesgo de Bartomeu

Cuesta pensar después de lo visto en Ibiza que el actual Barça esté en condiciones de enfrentarse con posibilidades de éxito a los modernos y sofisticados planteamientos y las intensidades de lucha que presenta semana a semana el Liverpool, por ejemplo. Pero todo es posible, claro, porque el fútbol es un juego.

El presidente blaugrana nos debe una desde que se equivocó con la rabieta que sacó a Zubi del club

Pero es un juego más lógico que lo se suele pensar a veces en los despachos. Si Quique Setién recibió un buen toque en las Baleares aún debió ser más espectacular lo que pasó esa noche durante los 90 minutos (antes de que en el tiempo añadido marcase Griezmann el segundo gol) por la cabeza de Bartomeu. 

El presidente blaugrana a todos nos debe una desde que se equivocó con la rabieta que sacó a Zubizarreta del club, pero la frivolidad del improvisado despido de Valverde sin un plan bien atado obre el rumbo deportivo que debe enfilar el Barça hasta el final de su mandato, nos acercó peligrosamente a un 2-0 en contra suyo.

Porque en lo que queda de temporada flotará sobre su cabeza y sobre nuestros pensamientos el hecho de que Valverde por lo menos conocía bien los defectos de su gastada y poco actualizada plantilla. Los sabía manejar y dejó al Barça líder en todas las clasificaciones. Eso puede convertirse en una pesadilla, según como vayan las cosas, y en un lastre para Quique.