21 feb 2020

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IDEAS

Paraguas inservibles en Barcelona al paso del temporal Gloria

JORDI COTRINA

Llueve en Barcelona

Josep Maria Pou

Llueve a mares. La lluvia tiene, lo sabemos, una doble cara: beneficiosa y fecunda en ocasiones, salvaje y demoledora en otras. Acaba de pasar. Agua de lluvia y agua de mar, una sola y misma agua, confabuladas para el destrozo.La naturaleza desbocada. Cabreada. Ciega. Terrible.

Llueve a mares. Para reconfortarme pienso en otras lluvias. En aquella que invita a arrebujarse: “Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve…” (la lluvia de Serrat). Oen la que invita a salir sin miedo a darse un garbeo:“Bajo la lluvia voy, camino sin cesar…” (la lluvia de Los Llopis). O en aquella otra que invita a levantar la cara y recibirla, paciente, gota a gota: “Raindrops keep falling on my head…” (la de Burt Bacharach para 'Dos hombres y un destino'). Y, reflexivo, me repito las cavilaciones de Javier Tomeo en “El Gallitigre” “¿Por qué será que llueve siempre hacia abajo? ¿Para que nos mojemos precisamente nosotros, los que estamos abajo? ¿Para que no se mojen ellos, los que están arriba? No. Yo creo que llueve precisamente hacia abajo porque si lo hiciese al revés el agua saldría de la tierra como un surtidor y la gente tendría que llevar el paraguas al revés”. Genial Tomeo.

Llueve a mares. Miro por la ventana. Son las once y media de la mañana y parece que fuera negra noche. El viento a toda velocidad, con prisa de siglos, como llegando tarde a la tormenta siguiente. Y cobrándose, furioso, las primeras víctimas: los paraguas, que en manos de los arriesgados transeúntes, parecen, luchando indefensos en el aire, pajarracos con las alas quebradas, los negros, y raras cometas de perfil abstracto, los de colores. Rotos, en ambos casos, su costillar de alambre, su corazón de tela, su alma de madera.

Y con el viento y la lluvia, la alucinación: desde mi ventana veo flores en las calles del Eixample. Un ramo en cada esquina. ¿Rosas? ¿Dalias? ¿Tulipanes?  No. Son los paraguas caídos en combate que el personal abandona, mezcla vaga de formas  y colores, en las papeleras del camino. Las primeras víctimas de la tormenta.

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