La clave

Los debates estúpidos de la ultraderecha

Si Casado y compañía, en su acomplejada política de seguidismo de la extrema derecha, no hubieran abrazado una propuesta que no ha aparecido nunca en sus programas, el nefasto 'pin parental' no sería más que una ocurrencia

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El presidente de Vox, Santiago Abascal, charla con el del PP, Pablo Casado, en el escaño de este en el Congreso.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, charla con el del PP, Pablo Casado, en el escaño de este en el Congreso. / EFE / BALLESTEROS

¿De quién son los hijos? Es una de las preguntas estúpidas que la extrema derecha, en su estrategia de guerra cultural permanente con la izquierda, ha logrado posicionar en la agenda. Para ser precisos, ha sido el PP el que ha puesto en la agenda política y mediática la censura paternal en las escuelas. Si Pablo Casado y compañía, en su acomplejada política de seguidismo de la extrema derecha, no hubieran abrazado una propuesta que no ha aparecido nunca en sus programas ni en sus gobiernos, el nefasto 'pin parental' no sería más que eso, una ocurrencia.

Mucho se habla y se escribe sobre la fabulosa capacidad de la ultraderecha para marcar la agenda a base de ocurrencias a cual más escandalosa y extrema (valga la redundancia), pero en realidad el trabajo se lo hacen los medios (amplificando debates artificiales que antes de la salida de tono no existían y, cuando baja el suflé, tampoco), la histérica reacción de la izquierda y, sobre todo, la pátina de legitimidad que le otorga el centro derecha. 

De un debate estúpido, planteado en términos hiperbólicos  y propagandísticos («el debate es si los padres quieren que Pablo Iglesias eduque a sus hijos», José Luis Martínez-Almeida, ese intelectual metido a alcalde de Madrid, 'dixit') no se puede esperar más que un desarrollo decepcionante y deprimente. Fieles seguidores de las doctrinas de la FAES y las enseñanzas de Steve Bannon, la ultraderecha se empeña en introducir en la conversación pública española conceptos, usos y costumbres de la derecha extrema estadounidense. 

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¿De quién son los hijos?, se preguntan rasgándose las vestiduras, para añadir: de los padres, no de Iglesias. Pero sí de la Iglesia, se olvidan de añadir, como si hubiéramos olvidado que la tradición centenaria de la derecha española en cuanto a educación no es la libertad, como dicen, sino entregar a los hijos a otros padres, los religiosos, y usar el aula como gran centro adoctrinador con base en la más retrógrada (e ignorante) lectura de la doctrina católica. ¿De quién son los hijos? De ellos mismos. El resto, los padres y la educación pública, tenemos como obligación darles herramientas útiles para que sean personas y ciudadanos de su tiempo.