30 mar 2020

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El conflicto catalán

Tiempo de tregua, no de solución

LEONARD BEARD

Tiempo de tregua, no de solución

Xavier Bru de Sala

Con la complicidad de la ANC y otras organizaciones con fines políticos, JxCat se sienta en la mesa de diálogo con la intención de denunciarla, reventarla y continuar presidiendo la Generalitat aunque hayan dejado de creer en la autonomía

Vivimos una etapa menos conflictiva que la anterior, pero tanto o más proclive a los engaños y las falsas expectativas. Pronto los presidentes Sánchez y Torra se volverán a reunir, pero no por propia iniciativa y voluntad sino forzados por ERC. Sin el apoyo de ERC no habría habido investidura. Por su parte, Torra no tiene otro remedio que convocar elecciones o sentarse en la mesa de negociación, aunque sus intenciones como fiel vicario de Puigdemont consisten en demostrar dos evidencias: no hay margen para un acuerdo que encauce la solución del conflicto; el PSOE no reconocerá el derecho de autodeterminación.

El Gobierno de Sánchez tiene margen para paliar hasta cierto punto la represión a los líderes del 'procés' pero no para revertirla. Si todo el mundo fuera consciente de estos límites, si todo el mundo supiera que solo se trata de institucionalizar una tregua y de pactar la distensión, si tuvieran todos los actores de esta mesa el valor de hacer pública la verdad, no habría reunión y mesa de diálogo. Y sin sentarse y hablar la distensión se volvería más difícil.

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El independentismo se encuentra dividido por la cuestión de la hegemonía. La capacidad de mutación de la vieja Convergència es inaudita. Otro partido en similares circunstancias ya habría desaparecido. El PDECat, en cambio, ha conseguido crear nuevos artefactos, transformar el ideario sin manías y tejer alianzas salvadoras de manera similar a los antiguos eurocomunistas pero con una diferencia fundamental en los resultados. Mientras los antiguos comunistas solo han tocado poder de manera esporádica y de refilón, los exconvergentes y asimilados aún administran su parte más importante y batallan para mantener la centralidad. Las contorsiones que haya que ejecutar desde la posconvergencia son secundarias mientras permanezcan sobre el caballo del poder. Sin embargo, y este es el punto fundamental para la estabilidad y la duración de la presente legislatura española, la apuesta por mantenerse consiste en cambiar la propia naturaleza de una manera demasiado arriesgada. De partido de orden a motor de la tensión. De flexibles a rígidos. De pactistas a rupturistas. De realistas y posibilistas a partidarios del pensamiento mágico. Cuanto peor vaya España, más cerca la independencia, presumen, sin explicar por qué caminos se podría materializar.

Daños colaterales sin importancia

No son pocos, aunque callan demasiado, los de esta fracción del independentismo que lamentan haber cedido la capacidad de estabilizar España a ERC. El mal, los dados de la apuesta por el radicalismo de JxCat, ya han sido lanzados. Sin embargo, si Torra se sienta a la mesa que pretende desacreditar, es por temor a la ruptura del 'espacio Puigdemont'. La pretensión es arrastrar a los auténticos posconvergentes, moderados por definición, hacia la estrategia de hacer pasar a los pragmáticos de ERC por traidores, ponerlos en evidencia y derrotarlos una vez más en las urnas autonómicas. La caída del Gobierno socialista que con toda probabilidad implicaría otra victoria de Puigdemont es contemplada como un daño colateral sin consecuencias negativas.

El error, el engaño de ERC, consiste en hacer ver que de la mesa de negociaciones, del mal menor, no se derivan solo los pequeños beneficios y alivio de la tensión propias de toda tregua, sino que debe conllevar la consecución del bien mayor que es la solución acordada del conflicto. El error de los puigdemontistas consiste en haber hecho suyo el eslogan del 'sit and talk'. Atrapados en su ambigüedad, ahora deben sentarse a hablar. Con la complicidad de la ANC y otras organizaciones con fines políticos, JxCat se sienta pues en la mesa con la intención de denunciarla, reventarla y continuar presidiendo la Generalitat aunque hayan dejado de creer en la autonomía.

Cadena de engaños

La cadena de engaños y autoengaños no termina. Pedro Sánchez abona las falsas expectativas de solución del independentismo mientras en Madrid da garantías de que el Estado no se juega nada esencial. Pocas concesiones, pues. Desequilibrio flagrante entre la aportación de ERC como puntal imprescindible de la legislatura y las contrapartidas a cargo del PSOE. Ambos necesitan tiempo. Ambos necesitan que ERC gane las autonómicas. Ambos creen que sin el engaño de hacer pasar la tregua como solución esta victoria se vuelve más difícil. Brindan así una carta, la de los acuerdos imposibles, que Puigdemont jugará a fondo. O tanto como le permitan ambos aliados objetivos a batir, PSOE y ERC, si de la tregua establecida no se derivan beneficios visibles y evidentes a corto plazo.