01 abr 2020

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Al contrataque

Pablo Casado en el debate de investidura.

DAVID CASTRO

Casado, opuesto a todo

Antonio Franco

Su oposición de tierra quemada es idéntica a la que aplicaba Rajoy cuando los neofranquistas no tenían ningún peso electoral. Es su ADN

El Pablo Casado que los publicitarios del PP promocionan ahora como protagonista de un giro hacia la moderación proporciona continuos indicios sobre cómo concibe su función de jefe de la oposición. De momento su especialidad son las grandes palabras, las descalificaciones generales y dejar constancia de que existen problemas incluso donde no los hay. Si en España las cosas normales funcionasen, eso de inventar problemas ficticios sería solo una tontería. Pero con nuestra vida cotidiana repleta de urgencias graves concretas sin resolver, además es una maldad. Sembrar ambigüedades cuando Vox nos lía con un supuesto derecho individual de los padres a vetar contenidos concretos del programa educativo general del país es una inmensa irresponsabilidad.

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Pero lo peor es lo de Catalunya. Siguiendo la táctica que aplicó el peor Mariano Rajoy, el de la etapa en que sí hacía cosas cuando dirigía la oposición al Gobierno del PSOE, nos hipoteca el futuro. Hay cierto paralelismo entre lo que suponía entonces el conflicto con ETA y lo que significa ahora la desafección activa de cerca de la mitad de los catalanes. Y del mismo modo que Rajoy incluso osó obstaculizar la derrota de ETA para que no se la apuntasen Zapatero y Rubalcaba, ahora Casado busca obstruir cualquier posibilidad de que Pedro Sánchez defina un espacio de convivencia que aplace las urgencias de los independentistas y empuje a que dejen de crecer en número y en argumentos. Recuerden que el PP hablaba o intentaba negociar con ETA pero luego criticaba que se atreviesen a hacer lo mismo los socialistas; ahora, como la mesa de diálogo con ERC no es suya, Casado la discute por principio y la envuelve con una acusación de alta traición socialista para convertirla en inoperante.

Oposición de tierra quemada

Hay analistas que opinan que el marcaje que le hace Vox no deja margen a Casado para ninguna otra cosa. Es una falacia. Su oposición de tierra quemada es idéntica a la que aplicaba Rajoy cuando los neofranquistas no tenían ningún peso electoral. Es su ADN. En todo caso, lo que España deberá aclarar en las urnas es si sería mejor que los demócratas coexistiésemos y nos confrontásemos directamente con Vox o si seguimos utilizando la intermediación decantada hacia ellos que practican Casado y Ciudadanos. Con ese telón de fondo, deslumbra la lista de preocupaciones que dice tener el PP. Hay temas como el de la enseñanza, pero también quieren prevenir que el modelo económico del nuevo Gobierno no defienda un modelo de consumo similar al de Cuba; o proponen combatir a quienes dicen que las decisiones de la Justicia europea obligan a revisar la nuestra; o nos invitan a sufrir por lo que puedan pensar sobre la monarquía los ministros de Unidas Podemos que acompañan al Jefe del Estado en los actos oficiales. ¿Va nuestro país hacia alguna parte con esta oposición?