25 oct 2020

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Industria editorial

Pilas de libros en la Bienal de Sao Paulo. 

EFE / Fernando Bizerra Jr

'Best sellers' para todos

Isabel Sucunza

Si a los libros de éxito en castellano les ponen el disfraz de la traducción al catalán, los 'inputs' publicitarios nos llegan multiplicados por dos. Y picamos, claro.

Hace unos días, el escritor Vicenç Pagès Jordà levantaba una liebre que suele dejarse ver recurrentemente en los debates de la cosa de los libros: un tuit suyo remarcaba cómo, de la lista de los más vendidos en catalán, tres eran traducciones del castellano. Se trataba de un Cercas, un Redondo y un Falcones.

Los 'best sellers' no nacen, se hacen. De esos tres libros que aparecen allá arriba, hay uno que es el resultado de un premio que parece más un agradecimiento a los servicios prestados por el lado de la política que por el de la literatura; otro ha sido hecho por alguien que ha visto su obra cimentada por contratos que incluían adaptaciones cinematográficas y traducciones a otros idiomas prácticamente antes de la entrega de los manuscritos acabados; y el otro es obra de alguien cuyo primer 'best seller' implicó una reescritura prácticamente entera ejecutada por todo un equipo editorial que sí que sabía, más o menos, escribir o de lo que, a lo mejor, podía venderse bien en aquel momento.

Hablo, claro, de las versiones originales, las castellanas, en los tres casos; las catalanas van a remolque.

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Para producir un 'best seller' de las características de los tres que nos ocupan hace falta tener una maquinaria detrás, unos contactos aquí y allá, una inversión de personal, dinero, pasillos, medios de comunicación, grandes superficies, publicidad... Algo incalculable, iba a decir, pero no: muy calculable. ¿Se podría hacer esto con un libro en catalán? No a esta escala: el 'target' publicitario, político, de consumidores de medios, de clientes de grandes superficies... en catalán se acaba pronto. El castellano, en cambio, abarca no solo a quien vive en castellano, sino también a quien vive en catalán. Hay que hacer un esfuerzo, y aun así sería inútil, para no recibir los mismos 'inputs' que reciben los lectores en castellano.

Las campañas de ventas monstruosas de estos tres libros nos llegarían a los lectores en catalán incluso si estos estuvieran exclusivamente publicados en aquel idioma. Si encima les ponen el disfraz de la traducción al catalán, los 'inputs' publicitarios nos llegan multiplicados por dos. Y picamos, claro que picamos: no los traducirían si supieran que no los íbamos a comprar.