23 feb 2020

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Hábitos de vida

Un camarero en un restaurante.

PERE BATLLE

Solo o acompañado

Carles Sans

Muchas veces me entretengo observando a las personas de otras mesas. En mi trabajo hay mucho de observación, y la observación se asocia muy bien con la imaginación

No hay nada como comer solo si quieres acompañar a quienes se encuentran en las mesas contiguas a la tuya. Durante 40 años viajando habré comido miles de veces a solas. En una ocasión, un camarero valenciano me confesó estar extrañado por verme comer solo.  “Pensaba que ustedes, los artistas, siempre estaban rodeados de muchas personas”, me dijo. Le extrañaba que alguien "famoso" comiese en silencio y sin más gente a la mesa. Me lo dijo en un tono de decepción. Muy parecido al de un motorista que, al verme un día sentado en mi moto frente a un semáforo en rojo, me espetó: “¡Hostia! ¿Los famosos vais en moto?”.

A mí me gusta compartir mesa con amigos, pero no me disgusta comer conmigo mismo. Muchas veces me entretengo observando a las personas que están en otras mesas. En mi trabajo hay mucho de observación, y la observación se asocia muy bien con la imaginación. Observar es mirar a alguien con mucha atención para tratar de conocer su comportamiento o sus características. Y eso es lo hago cuando observo, por ejemplo, a una pareja: intento imaginar qué serán, qué les unirá, que están haciendo con sus vidas

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Hace poco, mientras estaba comiendo solo,  llegaron al restaurante los clientes que ocuparían la mesa contigua a la mía. Era un matrimonio ya veterano, acompañado por una niña que muy probablemente fuera su nieta. Leyeron la carta, y cuando el camarero vino a pedir la comanda, el señor de la pareja le dijo “A mí me gustaría…” a lo que fue interrumpido con un “¡Tú calla!” de su señora, que empezó a pedir para todos. El marido hizo un último intento de sugerir agua con gas, pero la señora le replicó: “¡Tú calla!”, y mirando al camarero, añadió: “Mira que es 'pesao', ¿verdad?”. Poco más allá había un individuo comiendo solo, como yo, con la mirada al frente, a la nada, masticando despacio, como aburrido. Me comentó el camarero que se trataba de un cliente de toda la vida, soltero, que todos los días comía a solas en esta misma mesa.  Me acordé de un aforismo del añorado humorista Julio Carabias, que en su libro 'Habladurías' escribía: “Es igual que te cases que no, de todas formas te vas a arrepentir.”