04 jun 2020

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Los retos del nuevo Gobierno

Tiempo de realidades

LEONARD BEARD

Tiempo de realidades

Josep Oliver Alonso

La puesta en marcha de los cambios económicos, sociales o territoriales que precisamos implica ampliar y redistribuir recursos públicos en una escala no vista desde la transición

Nuevo gobierno, de currículum solvente y eficiencia probada. Con él, el guion para echar a andar está definido, aunque la relación con el independentismo tenga altibajos. Tras unos meses demasiado largos de incertidumbre, es momento de cumplimiento de unas expectativas ciertamente altas, como muestra la dureza con la que la derecha ataca cualquiera de sus iniciativas. Pero, en todo caso, responden a una profunda necesidad de cambio (económico, social y territorial, entre otros aspectos), instalado ya desde hace unos años en la sociedad española y, también y por descontado, en la catalana.

Respecto a lo que pueda esperarse, hay que distinguir deseos de realidades, en particular en la solución de los graves problemas económicos, sociales y territoriales que arrastramos desde hace tanto. En la economía, primero hay que abordar la consolidación fiscal: sin ortodoxia financiera difícilmente puede avanzarse en la solución de los problemas planteados. Pero, a diferencia de los años de la austeridad, consolidación fiscal no debe implicar reducción o mantenimiento del gasto público. Por el contrario, el ajuste de las cuentas de las administraciones públicas ha de ser compatible con una cierta elevación del consumo público y ahí hay que convenir que las señales son adecuadas: aumento de la presión fiscal hacia valores más en consonancia con la media de la eurozona (para la que todavía faltan ingresos del orden de 60.000 millones/año), mayor gasto redistributivo y reforma de pensiones. En este ámbito tengo un pero: la inmigración quizá pueda ser la salvación de las cuentas de la Seguridad Social, pero el coste social de un segundo choque de millones de inmigrantes debería ser evaluado cuidadosamente.

Habría que añadir a la inmigración la amplia panoplia de medidas que, de forma agregada, permitieran hacer frente a la situación de tensión en el sistema que se adivina: mejora de la productividad y ampliación de la oferta de trabajo, mediante la plena incorporación femenina a la mano de obra y una edad de jubilación efectiva que sea más acorde con la esperanza de vida.

Favorecer el crecimiento del PIB

Además, tocan también reformas para despejar el terreno de los obstáculos que taponan el crecimiento potencial del PIB, más allá del 1,5% de hoy. En este ámbito, nada nuevo bajo el sol: el tradicional listado de imprescindible mejora del capital humano (reducción del fracaso y del abandono escolar, impulso definitivo a la FP y redimensionamiento de una universidad hipertrofiada), tecnológico (mayores dotaciones públicas a investigación e impulso al peso del sector privado) y físico (infraestructuras, viarias y de comunicación, directamente vinculadas a la actividad). De hecho, la mejora de la productividad es imprescindible tanto para aumentar el crecimiento potencial del PIB como para sostener el sistema de bienestar que deseamos y, en particular, el de pensiones. Pero aunque este es un catálogo conocido, no por ello es menos urgente.

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En lo social, el listado es formidable: bajos salarios y desigualdad, pobreza infantil, equiparación salarial de la mujer, apoyo financiero a la familia (para facilitar la conciliación y, para las que lo deseen, elevar la natalidad), financiación de la dependencia, mejora de la sanidad, igualdad de oportunidades y, por último pero no por ello menos relevante, políticas de integración de la inmigración.

Finalmente, en lo territorial, distensión. Simple distensión. Es decir, avanzar decididamente en una oferta de nueva incardinación de Catalunya en España dirigida al conjunto de su ciudadanía. Ahí los problemas son tanto de índole política como estrictamente económica: en lo político, enfrentamiento con concepciones unitaristas de España, que poco tienen que ver con la realidad del país; en lo económico, porque cualquier solución implicará redistribución de recursos entre comunidades autónomas. Y eso es más fácil de decir que de hacer. 

Tarea hercúlea

Lastimosamente, el deseo pertenece a un reino distinto al de la realidad. Y, en lo tocante a esta, lo más probable es que apenas pueda avanzarse en esos imprescindibles trabajos: con tantos escollos de amigos, enemigos y compañeros de partido, las probabilidades de naufragio para la navegación del Gobierno son muy altas.

Y no solo por cuestiones estrictamente políticas, que haberlas las hay. Sino porque la puesta en marcha de los cambios económicos, sociales o territoriales que precisamos implica ampliar y redistribuir recursos públicos en una escala no vista desde la transición. Algo que se asemeja más a una tarea hercúlea que a un programa de gobierno de tan frágiles bases. Suerte.