29 may 2020

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Análisis

Josep Lluis Trapero  durante la primera jornada del juicio en el que se le acusa de rebelión por los hechos ocurridos durante el 1-O  

EFE / POOL

El fiscal se estrelló contra el muro de Trapero

Andreu Claret

Un teniente fiscal coriáceo, armado de muchos papeles, contra un 'sheriff' armado de sentido común. Con estos ingredientes, la sesión de la Audiencia Nacional contra Trapero prometía interés. No defraudó. Coriáceo, el fiscal Miguel Ángel Carballo lo fue hasta la saciedad, aunque puso tanto tesón en su alegato que, en algunos momentos, se propasó. Como cuando le preguntó por qué aceptó ser nombrado como mayor de los mossos sin pedir explicaciones. Sin recordar que Trapero fue propuesto por un director general de la policía autonómica, Albert Batlle, que dimitió porqué no compartía la deriva independentista de Puigdemont. Y sin tener en cuenta que un oficial de policía no debe mirar al color de un gobierno para aceptar o rechazar un nombramiento.

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Trapero necesitó tres botellitas de agua mineral para aguantar el envite y el fiscal no probó líquido alguno. Pero la procesión iba por dentro, y la acusación tropezó una y otra vez con el muro de lógica que el mayor ya había desplegado ante el Supremo. Bastaron tres frases lapidarias para que forjara su credibilidad ante las insinuaciones de confabulación con el independentismo: la vía unilateral era "una barbaridad más de las que se estaban haciendo" (refiriéndose a las decisiones del Govern); "La doble legalidad no existe y los Mossos harán lo que digan los jueces" (cuando le preguntaron por su actitud ante una legalidad catalana distinta de la constitucional); "Le dije que él no haría el dispositivo y le colgué" (ante el intento de Jordi Sànchez de darle instrucciones durante el acoso a la Conselleria de Economía). Las tres frases y el documento aportado sobre la logística de una detención de Puigdemont, por si la pedían los jueces, retratan a Trapero y desarbolan las pretensiones del fiscal.

Obligado a cambiar de registro, el fiscal recurrió al tono coloquial espetándolo si no sabia "lo que se estaba cociendo". Dejemos de lado la consistencia de la pregunta desde un punto de vista judicial ¿Qué se estaba cociendo? Un conflicto de proporciones gigantescas, resultado de la insensatez política de Puigdemont y de la inacción de Rajoy. No de la actuación de Trapero.

¿Cómo podía el mayor manejar sus 18.000 hombres frente a lo que se le venia encima? Dejando claro que no iba a vulnerar la ley, como hizo, y tomando decisiones que no empeoraran las cosas. Combinando mediación con acción, como hacen las policías democráticas. Él mismo aceptó, a lo largo de la vista, que pudo equivocarse en algún momento. Como se equivocó la Guardia Civil al no anticiparle los registros que se iban a llevar a cabo. Se puede errar por defecto o por exceso. Creo que, con el clima que existía en Barcelona, hacerlo por exceso hubiese sido peor. En todo caso, errar por defecto, si es que se erró, nada tiene que ver con la sedición y aún menos con la rebelión. Máxime cuanto Trapero estableció la diferencia entre la actitud de los mandos, orientada al cumplimiento de la ley, el 1-O, y la de algunos policías que mostraron simpatía con los votantes.