22 feb 2020

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ANÁLISIS AZULGRANA

Quique Setién respira feliz tras el gol conseguido, como siempre, por Leo Messi

REUTERS / ALBERT GEA

Gol de Messi tras 1.005 pases

Emilio Pérez de Rozas

Sí, sé quién soy y ustedes también. Pero no soy el único que está alarmado por el día después, perdón, los minutos después, del debut, en el banquillo del Camp Nou, de Quique Setién, el hombre que se hubiese dejado cortar uno de sus meñiques por ser entrenado por Johan Cruyff.

Yo creo que tan malo es ser más cruyffista que el ‘profeta del gol’, como pregona Setién entre los suyos y con la boca pequeña, como ver muchas más cualidades y brotes verdes en el anodino juego desplegado por el Barça ante ¡el Granada! ¡el Granada! (y 22 minutos con 10), que los que vio (y reconoció) el nuevo técnico azulgrana.

Aquello de los 100 días ha pasado a la historia. Los que plantean los cinco primeros partidos de Setién, no solo como un enfrentamiento contra el rival de turno sino también, también, contra Ernesto Valverde, le hacen un flaco favor al Barça, por supuesto al propio Setién, y le trae sin cuidado al ‘Txingurri’, que ya debe ir camino de Australia y, fijo, no vio el partido frente al Granada.

Los pases al infinito

Quienes airean que volvió la esencia del Barça (lo he oído mil veces en las últimas 15 horas y, por supuesto, en todas las tertulias), olvidan que hasta el propio Setién dijo que no había visto nada diferente, ni nada que le llamase la atención, que no hubiera visto, ¡vaya!, en la derrota ante el Atlético en Yeda.

Quienes cuentan los pases y ventilan el estratosférico récord de 1.005 pases (921 bien dados), olvidan (o les interesa no contar) que solo 203 fueron hacia delante. Quienes repiten que el juego de posesión, el tiki-taka, volvió al Camp Nou, no quieren ni hablar del poste de Eteki ni, mucho menos, de la expulsión (injusta, esa entrada no era para segunda amarilla) de German, a 22 del final. Quienes pregonan a los mil vientos el casi récord de 82% de posesión (la gran marca la conquistó, cómo no, Pep Guardiola, en el 2011, con 84,5% de posesión) olvidan que esa posesión sirvió para robarle el balón al Granada y no sufrir contragolpes (ni ataques), pero no para generar fútbol.

Setién no quiso pronunciarse sobre el 85% de las preguntas técnico-tácticas-estratégicas-futboleras que le hicieron en la noche de ayer en el Camp Nou. Siempre se excusó (espero que no sea una norma, pues nos quedaremos sin  respuestas) diciendo que “cuando vea el partido, de nuevo, podré responderle a eso”.

Pero hoy, que ya es lunes y mediodía, Setién ya ha visto el video de su obra y sabe, ¡vaya si lo sabe!, que el Barça de su debut (por cierto, solo Valverde de los últimos entrenadores, fue capaz de perder su primer partido oficial como entrenador del Barça) no se parece, ni de broma, al que imaginó mientras paseaba, en Liencres (a 10 kilómetros de Santander), junto a las vacas.

Lugo, Las Palmas, Betis, Barça

La era de mi amigo Valverde ya pasó y ahora es pasto de las hogueras mediáticas. Ha llegado Setién, que no ha empatado con nadie (él mismo dijo que no tenía curriculum alguno para entrenar al Barça, que ha sido el primer sorprendido: Lugo, Las Palmas, Betis, Barça ¡tremendo!), pero que encandila por su discurso y buenísimas intenciones, todas ellas elogiables, más en un Barça tan necesitado y empeñado en soñar con los tiempos pasados, que siempre fueron mejores, gracias a jugadores únicos, que jamás volverán.

No quiero ni pensar la que se hubiese liado en Barcelona, en las ondas, en las tertulias, en las editoriales, en los artículos de los directores, si quien hubiese recuperado el balón en el corner hubiera sido Arturo Vidal y quien le da la asistencia de gol, de prodigioso taconazo, en medio de una nube de piernas granadinas, hubiese sido Riqui Puig. ¡Dios! ¡Levita el Camp Nou! y Sarabia eleva de un empujón a Setién a los cielos del barcelonismo (perdón, del cruyffismo). 

PD: Quienes utilizan a Riqui Puig como arma arrojadiza contra Ernesto Valverde harían bien en ser los primeros en concederle al técnico de Liencres los 100 días de rigor. No es mala idea, de verdad.