28 mar 2020

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guerras vaticanas

El papa Francisco saluda al Pontífice emérito Benedicto XVI en el monasterio Mater Ecclesiae, en diciembre del 2013.

AFP

La reforma de Francisco apenas ha pasado el Pirineo

Juan José Tamayo

En el núcleo episcopal español hay integristas abiertamente contrarios al actual Papa

En el Vaticano existe una guerra declarada –incruenta, por supuesto- entre sectores enfrentados ideológica e institucionalmente en torno a la figura del papa Francisco: a su manera de gobernar la Iglesia; a sus posicionamientos en materia social, política y económica, y a sus pronunciamientos a escala internacional.

Tal clima conflictivo comenzó a fraguarse desde el momento de su elección y se ha ido recrudecimiento en la medida en que sus planteamientos han sido más abiertos en materias como la homosexualidad, el acceso a la eucaristía de las personas cristianas divorciadas y vueltas a casar, la posibilidad de ordenación sacerdotal de hombres casados en la Amazonia, la  tolerancia cero ante la pederastia, la condena del sistema económico actual, al que califica de injusto en su raíz...

A esto cabe añadir sus críticas constantes a la curia vaticana, a la que en el discurso de Navidad del 2017 diagnosticó 15 enfermedades, entre ellas el alzhéimer espiritual, la fosilización mental y la esquizofrenia existencial, y llegó a referirse a los "traidores" que había en su seno.

Capitaneados por Müller y Sarah

Durante los primeros años del pontificado de Francisco, el sector contrario a él estuvo capitaneado por el cardenal Gerhard Ldwig Müller, nombrado presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe por Benedicto XVI, de quien fue discípulo. Ahora lo lidera el ultraconservador cardenal Robert Sarah, presidente de la Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Los pronunciamientos episcopales contra Francisco a veces están alentados por el Papa emérito, bien de manera discreta, bien de forma declarada, como demuestran algunos de sus textos, muy críticos con las tendencias renovadoras de la Iglesia.

Los enfrentamientos dentro del Vaticano tienen su reflejo en el episcopado mundial, dividido hoy entre los seguidores de las reformas de Francisco, que las ponen en práctica en sus iglesias locales, y sus detractores, que siguen moviéndose dentro el paradigma eclesial neoconservador de Juan Pablo II y Benedicto XVI y se oponen a los cambios introducidos durante el pontificado actual. Estos son quizá los más numerosos, los más beligerantes y con una presencia más mediática. Llegan incluso a acusar al Papa de hereje.

Reflejo en España

¿Los conflictos en Roma tienen también su reflejo en España? Yo creo que sí. Cabe observar que actualmente hay más homogeneidad en el episcopal español que en la época de la Transición, caracterizada por un amplio pluralismo en todos los terrenos: teológico, político y pastoral. Un grupo numeroso de obispos fueron nombrados por los papas anteriores y comparten su mentalidad y sus prácticas eclesiales.

Durante más de dos décadas, la Iglesia católica española estuvo liderada con un fuerte centralismo organizativo y un conservadurismo teológico y político por el cardenal Antonio María Rouco Varela, presidente de los obispos durante cuatro mandatos, hombre de confianza del Vaticano y con gran influencia en el nombramiento de obispos. Fue un largo periodo de práctica unanimidad con una jerarquía más romana que española y políticamente beligerante, que actuó como la verdadera oposición al PSOE y sus políticas en materia de educación, modelos de familia, educación...

Sintonía con VOX

Actualmente sigue habiendo un importante y duro núcleo episcopal bien organizado, que sigue las orientaciones del todavía influyente Rouco Varela. Entre ellos los hay abiertamente integristas que forman el frente contra Francisco y están en plena sintonía con el PP e incluso con VOX, al que consideran un partido de derechas, no de extrema derecha, y absolutamente constitucional. Lo acaban de demostrar ante el Gobierno de colación PSOE-Unidas Podemos con las llamadas a rezar por la unidad de España, las voces de alarma sobre la presencia del marxismo-comunismo en el Ejecutivo y la acusación al presidente del Gobierno de no tener conciencia ni firmeza.

En cuestiones teológicas y morales, la coincidencia de los obispos es total. Están de acuerdo en el rechazo del feminismo, del colectivo LGTBI, del matrimonio igualitario, del divorcio, del aborto y coinciden en la defensa de la familia patriarcal. Hay ciertamente un grupo de obispos que se caracterizan por su talante renovador, se declaran seguidores de Francisco y están poniendo en práctica algunas reformas eclesiales. Sin embargo, es muy reducido y carece del protagonismo necesario para un cambio de tendencia en la jerarquía española. En el episcopado catalán hay más pluralismo que en el resto de España, predominan los obispos seguidores de Francisco y algunos son más sensibles a la Iglesia de los pobres.

En suma, creo que, salvo excepciones, la reforma del papa Francisco apenas ha pasado los Pirineos.