25 oct 2020

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LA CLAVE

Pedro Sánchez y Oriol Junqueras se saludan en el Congreso, el 21 de mayo del 2019.

EFE / J. J. GUILLÉN

Y una mierda

Luis Mauri

La cárcel moldea el ánimo, máxime si quien la pena cree que es víctima de un atropello judicial. Pero la rocosidad de Junqueras puede tener otra lectura: la cercana batalla final con JxCat por la hegemonía nacionalista

Lo primero es confesar. Hace muchos años me quedaron grabadas al fuego algunas normas de titulación periodística. Prohibido plagiar títulos de películas libros; denota pereza intelectual. Prohibidas las expresiones soeces o chabacanas; denotan grosería y desconsideración… Tantos años después, el titular de este artículo quiebra una de estas leyes. No alego descuido ni precipitación. La herejía es deliberada. Y clarificadora.

"Y una mierda. Y una puta mierda". Así niega Junqueras en una entrevista con El País que engañara a los catalanes prometiéndoles una independencia fácil, instantánea y gratuita, es decir, imposible. Asoma en la conversación un Junqueras pétreo, impermeable, refractario a la autocrítica por el fiasco del ‘procés’.

La cárcel moldea el ánimo, máxime si quien pena cree que es víctima de un atropello judicial. Pero la rocosidad de Junqueras puede tener otra lectura, compatible con la anterior pero más pegada a la coyuntura. Lo mismo puede decirse del hecho de que ERC encargara a la hermana de otra presa, la ‘exconsellera’ Bassa, con sus verdugos y su comino, el alegato final en la sesión de investidura.

Reacción en cadena

La investidura de Sánchez y el estreno del Gobierno progresista ha activado una reacción en cadena de desbloqueos. Algunos son frágiles; otros, ya sólidos. Negociaciones PSOE-ERC y Gobierno-Generalitat. Pacto sobre los presupuestos de Barcelona (‘comuns’, PSC y ERC). Acuerdo en fase de pulido sobre los de la Generalitat (‘comuns’ y ERC). Expectativa de tratos sobre los del Estado (PSOE y ERC), que si avanzasen podrían sumar al PSC en apoyo de las cuentas del Govern. Barcelona no tenía un presupuesto consensuado desde antes de Colau. Catalunya tiene las cuentas prorrogadas desde el 2017. Y España aún tira con las de Rajoy. Algunas cosas empiezan a moverse.

También se mueve Catalunya, hacia las urnas. Tras varios conatos, ERC cree llegado el momento inexorable de arrebatar a JxCat el cetro nacionalista. La batalla final se librará bajo el afilado estigma de la traición. Esta es la otra lectura de la rocosidad de Junqueras.