25 oct 2020

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Cambio de escenario

El ’president’ Quim Torra y el ’vicepresident’ Pere Aragonès llegan a la mesa de partidos catalanes.

RICARD CUGAT

La pieza catalana

Gemma Ubasart

El 'president' Quim Torra está amortizado y ya nadie descarta unas elecciones anticipadas

La investidura de Pedro Sánchez que ha dado paso a un Gobierno de coalición con Unidas Podemos y a la consolidación de un apoyo externo de ERC ha supuesto un cambio de escenario en la vida política española. O, como mínimo, el inicio de un cambio de escenario. 

Han tenido que pasar más de cinco años para que se aceptara que la fragmentación y el pluralismo han llegado para quedarse y que los proyectos de país van a tener que construirse desde el entendimiento entre distintos. 

También se ha tenido que llegar muy lejos en la crisis territorial para que se comprendiera que solamente desde el diálogo, la negociación y el pacto pueden gestionarse los contenciosos de naturaleza política si no se quiere devaluar el Estado de derecho y el propio sistema democrático. 

En relación con la crisis catalana, los primeros pasos del nuevo Gobierno se han encaminado hacia la distensión y la desescalada. La apertura de una mesa de diálogo entre gobierno catalán y el español es el principal acuerdo público al que llegan el PSOE y ERC. Pero todos los actores son conscientes de que si no se avanza hacia la desjudicialización del conflicto no se va a poder hacer mucho. 

La agenda de los presos

Aunque no haya sido publicitado, cosa que me parece inteligente, la agenda de los presos ha estado presente en varias negociaciones, y no solo con ERC

Existe la constatación compartida de que hasta que los líderes políticos y sociales no salgan de la cárcel no se podrá normalizar la política española y catalana. No se trata de eximir de responsabilidades a los políticos que apostaron por una vía unilateral que excluía a medio país. Si alguna vez fue real la crisis de convivencia debemos remontarnos a los "hechos de octubre". 

No existía ni una mayoría social para la apuesta, ni apoyos internacionales, ni se habían construido las famosas estructuras de Estado. Existió frivolidad e irresponsabilidad de los líderes independentistas en una suerte de huída hacia adelante en que nadie se atrevía a bajar del carro. 

Ahora bien, la respuesta del Estado –entendido en el sentido weberiano del término– fue totalmente desproporcionada e inadecuada. Se hizo mano de un excepcionalismo penal que siempre escala los conflictos. Lo que podía haberse quedado con una inhabilitación derivó en el delito de sedición y largas penas de prisión. 

Desjudicializar el contencioso no es tarea fácil pero son deberes imprescindibles que todos los actores que quieran participar en la nueva etapa deben tomarse en serio. Para cerrar el círculo, queda la pieza catalana. No se completará el cambio de escenario hasta que no se haya clarificado el Govern de Catalunya. 

El ‘president’ Quim Torra está amortizado, y no solo por su cercana inhabilitación. Más preocupado por el activismo que en el gobierno del país, con un Ejecutivo sin proyecto ni presupuestos, el actual jefe de la Generalitat es aquel que recibe una valoración más baja en toda la serie histórica del CEO. Unas elecciones anticipadas a la vista ya nadie las descarta. Pero quizá van a tardar un poco. 

ERC necesita tiempo para aprobar los presupuestos de la Generalitat y mostrar los primeros logros de su apuesta para posibilitar la investidura de Sánchez. JxCat también lo requiere para clarificarse internamente y decidir quién va ser su candidatura a la Presidència. 

La fiscalía da un poco de aire al no oponerse a que se suspenda la inhabilitación de Torra hasta que se pronuncie el Tribunal Supremo