18 feb 2020

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Editorial

Putin diseña su continuidad en el poder

El presidente ruso quiere perpetuarse en el puente de mando y al mismo tiempo rehuir la presión de las críticas

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El Periódico

Vladimir Putin, esta semana. 

Vladimir Putin, esta semana.  / REUTERS

La habitual opacidad de la política rusa ha desencadenado un sinfín de especulaciones desde que el presidente Vladímir Putin anunció una reforma de la Constitución, dimitió el Gobierno encabezado por Dmitri Medvédev y acto seguido fue nombrado primer ministro el tecnócrata Mijaíl Mishustin. Casi todas las elucubraciones coinciden en un aspecto: Putin quiere garantizarse la continuidad en el puente de mando cuando en el 2024 venza su cuarto mandato, pero persigue quedar a salvo del desgaste y las críticas asociadas al ejercicio del poder. Razones tiene para perseguir este objetivo porque la economía rusa renquea, incapaz de crecer y modernizarse más allá del sector energético, en donde obtiene el grueso de los ingresos en divisas, y corre un riesgo de estancamiento a poco que se contraiga el mercado de los combustibles fósiles.

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La operación entraña riesgos calculados para el tándem formado por Putin y Medvédev habida cuenta de que el presidente pilota la reforma constitucional, prepara un retiro dorado para el exprimer ministro y piensa seguir controlando todos los resortes del poder seguramente a través de la presidencia de un Consejo de Estado con competencias reforzadas y liberado de la fiscalización del Parlamento. Hay en todo ello un presagio de dificultades sociales venideras a medio plazo, de un deterioro de la clase media crecida a la sombra de los negocios de los oligarcas, vinculados a la exportación de materias primas, pero que ocupan una posición muy débil en el mercado global de las nuevas tecnologías y de los bienes de consumo. Putin quiere perpetuarse en el poder y, al mismo tiempo, quiere reducir su exposición pública, rehuir la presión de los descontentos, delegar en su entorno la compleja relación con la UE y disponer del mando a distancia de la entente con China. Nada hay de sorprendente en el comportamiento del presidente, que se propone retener la primacía sin tener que dar explicaciones y arbitrando en la previsible lucha entre facciones en un sistema muy clientelar.