27 feb 2020

Ir a contenido

Dinero difícil

Díaz Ayuso esperando a los jugadores.

EFE

¿Competir o cooperar?

Albert Sáez

Díaz Ayuso ha metido la pata con el tema del Mobile World Congress

Isabel Díaz Ayuso es, por ahora, mejor comunicadora que política. Y esta semana ha demostrado un escaso conocimiento de la dinámica empresarial. Quiso hacer un clickbait y se ha metido en un lodazal. Intentar aprovechar un artículo crítico con el 5G en una web menor del ayuntamiento de Barcelona para lanzar la candidatura de Madrid para acoger el Mobile World Congress (MWC) es, llanamente, una metedura de pata. En primer lugar, para Madrid y para los madrileños. En segundo lugar, para Barcelona y para España. Es inevitable traer a la memoria un despropósito similar: el de Esperanza Aguirre durante la opa de Gas Natural (hoy Naturgy) a Endesa, cuando dijo aquello de "antes alemana que catalana". Los negocios ya no funcionan así. Los mercados son globales, muchas regulaciones transnacionales y las marcas tienen vida propia por encima de las naciones que las vieron nacer. La ocurrencia de sostener que Barcelona no quiere el MWC porque se publica un artículo crítico con el 5G es desconocer, por ejemplo, los vínculos de John Hoffman con Barcelona en tanto que máximo responsable del evento. Un vínculo que está a prueba de huelgas y de desacuerdos institucionales.

Pero hay algo más de fondo. El mundo se organiza hoy en base a zonas de libre mercado. Y lo sigue haciendo a pesar de las locuras de Trump, de Johnson y de Bolsonaro. En el interior de esas zonas, las empresas están buscando manera de cooperar antes que de competir. Las grandes fusiones y las fusiones frías apuntan en esa dirección. En este sentido, propuestas como la del Círculo de Economía son más de esta época que el "a por ellos" de Díaz Ayuso. Cuando se habla de cocapitalidad, por ejemplo, se habla de establecer un cierto reparto de especializaciones. Bacrelona, gracias al MWC y al encuentro de start-up tecnológicas 4YFN, se ha convertido en un hub digital con proyectos tan emblemáticos como el Barcelona Tech City. Eso no se malea a ojos de Hoffman por un artículo crítico. Entre otras cosas porque esa crítica es sana.

Madrid es, sin duda, el territorio del Estado que más se ha beneficiado económicamente del Estado autonómico. Su PIB ha crecido no solo por las políticas neoliberales de los sucesivos gobiernos del PP de las que tanto se enorgullecen, sino también por el efecto capital que, sin necesidad de que el Estado sea tan perverso como algunos catalanes creen, ha posicionado mejor a los territorios en la primera ola de la globalización. La segunda se juega en lo que algunos llaman la "coopetición", neologismo que suma de competencia y cooperación. Pero Díaz Ayuso se expresa en términos mucho más primarios, menos sofisticados. Esta es una de las partidas que se juega en España en los próximos años. El que fuera gobernador del Banco de la India, Raghuram G. Rajan, da una visión desapasionada de este tipo de realidades en una obra que causa furor en Estados Unidos: El tercer pilar. Porque la desigualdad se juega en el mercado, en el Estado y en el territorio. Díaz Ayuso, más que neoliberal, se parece cada vez más a Trump, busca que el Estado le proteja del mercado en su territorio.