17 feb 2020

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análisis

Bartomeu brinda con los medios de comunicación tras la tradicional comida navideña.

EFE / ALEJANDRO GARCÍA

El olor de un golpe bajo, el sabor de lo nuevo

Iosu de la Torre

El Barça debe recuperar las buenas formas, aprender de las de Valverde y Setién

Setién y Valverde viven días de emociones contradictorias. El recién llegado aún no se ha acostumbrado al aroma a caoba y piel mimada de los despachos y los hoteles azulgranas. El finiquitado intenta alejarse sin mirar atrás, sin ganas de averiguar a qué huele un golpe bajo, aunque la nostalgia pese más de lo que se desea.

El santanderino conservará en la memoria el olor espeso y mineral del prado de boñigas por el que campaban las vacas lecheras de Cantabria aquel día en que, sorpresa, atendió la llamada del móvil que le anunciaba que le esperaban en Barcelona. El vasco también se lleva una maleta de buenos recuerdos, que los malos hará bien en dejar que se pierdan en el sumidero de la miseria humana.

El nuevo entrenador a las órdenes de Messi tiene previsto mantener el contacto con su antecesor, que de tan buena persona que es seguro que le coge el teléfono y le advierte de qué le convendrá. El deseo de Setién sonó a gesto bien educado, prudente, en medio del oleaje emocional, casi al borde la lágrima por ver hecho realidad el sueño que vislumbraba tan imposible que ya estaba muy satisfecho con saberse en la terna de los candidatos rastreados para suplir a Valverde.

Un buen zurriagazo

Metido en horas extraordinarias, como se le ve en los vídeos que cuelga la web del club, probablemente se le habrá evaporado la necesidad de llamar a Bilbao. Quizá lo haga más adelante pero tirará adelante su propio libro de estilo. Recuperado también del subidón de tener al dios Messi en su vestuario, consciente de que el entrenador es él, a lo mejor vuelve a añorar a las vacas lecheras para explicar a las sagradas que un buen zurrigazo del ganadero también puede ser elegante aunque escueza en las nalgas de la res.

Al Barça le toca restablecer la imagen del club. También del mès que un club. Bien hará en abandonar la sonrisa hueca de manga japonés y aprender de las buenas formas de Valverde y Setién en su trajín profesional. Dos deportistas con inquietudes reflexivas. La mirada en blanco y negro del 'Txingurri' con sus cámaras de fotos. La de su colega frente a un tablero resistiendo a un jaque mate o escribiendo sobre los días de fútbol, cuando no necesitaba de adjetivos para diseccionar 90 minutos. 

«Tiene el cabello blanco, infundirá respeto», se atreve a decir uno de la directiva. Valverde estaba encaneciendo tras estos dos años y medio con dos ligas y tres cornadas y justo lo echan cuando su 'look' se acercaba al senatorial de Setién. La cana es bella, como la arruga. Y los muchos años.