Tribuna

Barcelona 2020: empecemos a recuperar la ilusión

El compromiso de Esquerra, ahora, es ser el impulso republicano y progresista en cada uno de los ámbitos de gobernación de la ciudad

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Fachada del Ayuntamiento de Barcelona.

Fachada del Ayuntamiento de Barcelona. / CARLOS MONTAÑÉS

Hace tiempo que Barcelona nos exige pasar de las fotos y las buenas intenciones a la ambición transformadora verdadera. Del desencanto a una nueva ilusión colectiva. ¡Este es el objetivo de Esquerra! El cortoplacismo es una de las peores patologías políticas. Los éxitos efímeros, tan pomposos como inútiles, ni permiten mirar lejos, ni pensar en grande, ni tomar decisiones, que es lo que debemos -y queremos- hacer ya.

Construcción ambiciosa. Nuestra candidatura pretendió eso desde el primer momento. Sumar voces diversas para urdir un proyecto ambicioso y ganador. Y ganamos, porque la ciudad reconoció la orientación y la estrategia. En esta dirección seguimos trabajando y exigiendo, ante un gobierno nacido gracias a la suma de intereses, y a Valls, pero que aún hoy no tiene proyecto compartido ni reconocible.

Tristeza (breve). Sí, sentí una tristeza muy íntima al ver la combinación antinatura que hizo posible el actual gobierno. Tristeza por no haber podido dar a la ciudad el proyecto de transformación verdadera que esperaba. Y tristeza por la falta de claridad y la pérdida de calidad democrática que acompañó la maniobra ganadora. Tristeza que fue breve, no obstante, porque la ciudad no se puede permitir rencores, y menos si afectan a la institución. El servicio público, como lo entiendo, implica darlo todo estés donde estés, y no limitarte al lamento y a repartir culpas.

Gobierno de impulso. Este es nuestro compromiso ahora: ser el impulso republicano y progresista en cada uno de los ámbitos de gobernación. Poner nuestro sello. Proponer y exigir. Fiscalizar y mejorar. Son ejemplo nuestras iniciativas en el ámbito cultural, social y educativo o de vivienda, o en el aumento de la tasa turística, una de las decisiones más relevantes que ha tomado el consistorio en este inicio de mandato.

Responsabilidad. Nuestra posición es determinante para posibilitar cambios reales o detener retrocesos. Por eso nuestro deber es ser sensatos: ni destructivos ni insensibles. De ahí el haber sido los primeros en reclamar un presupuesto ambicioso para la ciudad, que confiamos alcanzar ya. De ahí que huimos de la habitual comodidad de la oposición. De ahí que de las 17 iniciativas que ERC ha presentado en los plenos de este mandato, 16 han prosperado. Y de ahí que exigimos al gobierno que tome decisiones con el rigor que demasiadas veces está poco presente.

Capital republicana. Ejercer la capitalidad de país y el papel que nos corresponde en Europa pasa por ser metrópolis modelo pero también por acompañar activamente a la ciudadanía catalana en su proceso de autodeterminación. El acuerdo de no definición del actual gobierno es impropio de una ciudad siempre comprometida con los derechos y las libertades. El consistorio haría bien en replantear su papel con valentía, más allá de las buenas palabras y de la presión socialista.

Negociación exigente. Es evidente el abismo que nos separa de este PSC, incompatible con cualquier relación de confianza. Hoy los socialistas son la voz de un Estado que se complace en la negación sistemática de los derechos, como vemos con Oriol Junqueras. Creer en la negociación y el diálogo -sincero, valiente y constatable- como vía de resolución de conflictos, sí. Pero sin cinismo calculador ni tampoco candidez. La injusticia clamorosa ni puede ignorarse ni admite equidistancia. La privación de los derechos políticos al concejal electo Quim Forn nos lo hace patente cada día muy de cerca.

Metropolitanos convencidos. Queremos hacer bandera de la necesidad de un área metropolitana fuerte, convencidos de que los retos urbanísticos, económicos y sociales piden respuesta urgente y de alcance supramunicipal. El egoísmo barcelonacéntrico se ha demostrado improductivo e injusto. Un cambio de paradigma exige mucho trabajo, lejos de la atención mediática, pero igualmente obligado. Necesitamos nuevos modelos de gobernanza y el entendimiento entre instituciones con mayorías políticas diversas.

Beligerancia climática. Esta debe ser una de las grandes obsesiones de Barcelona. Iniciativas como la ZBE pueden ser buenas, pero se quedan cortas. Contra el choque climático pedimos más ambición que titulares. Más medidas concretas que deseos. Para este presupuesto reclamamos, por ejemplo, la inversión municipal de 50 millones de euros para la rehabilitación energética de fincas que a la vez movilice una cifra privada diez veces superior.

Educación y cultura. Con la educación y la cultura, como motores de transformación social, nuestro compromiso es inequívoco y prioritario. En la negociación del presupuesto hemos incluido, de hecho, un mayor compromiso con la educación como herramienta principal en la lucha contra las desigualdades. Desde el 0-3 a la Formación Profesional para facilitar el acceso al mundo laboral. Debemos exigirnos sacrificio público e innovación permanente. Solo así construiremos una sociedad más justa y más libre.

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Complicidad. La ciudadanía espera claridad y compromiso de sus gobernantes. Proximidad y transparencia, tanto como respeto y autoridad democrática. Debemos escuchar y compartir más con la riquísima red de entidades, empresas y colectivos que definen Barcelona con acento propio e insustituible. Digámoslo claro. Esta no es la manera de hacer del gobierno actual. La legitimidad se gana desde la complicidad y la lealtad. De lo contrario, como sucede, la distancia entre sociedad e institución, entre ciudadanía y política, se hace aún mayor y se convierte en el escenario ideal para los populismos de todo tipo.

Ilusionémonos. El Barómetro constata un pesimismo contra el que nos debemos conjurar. La percepción de que hay demasiadas cosas que no funcionan crece, y la gestión municipal no convence. Nosotros queremos revertirlo desde el liderazgo y la ambición republicana. Desde la exigencia a un gobierno que ni nos gusta ni nos convence. Esquerra estamos para hacer la revuelta democrática e ilusionante de la Barcelona fuerte, segura y ambiciosa. Para hacerlo con todos y cada uno de los barceloneses y barcelonesas que se esfuerzan por volver a serlo con orgullo y confianza.