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Editorial

El puerto y el aeropuerto, en el foco climático

La medidas a nivel local contra el deterioro ambiental requieren de un debate sereno y a fondo

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El Periódico

Instalaciones del aeropuerto barcelonés de El Prat.

Instalaciones del aeropuerto barcelonés de El Prat. / ALBERT BERTRAN

El fracaso de la Cumbre climática de Madrid, que supuso un estancamiento de las medidas tendientes al impulso contra el cambio climático, parece que se revierte en parte con la puesta en marcha de iniciativas a nivel local y de ámbito europeo que anuncian acciones más o menos contundentes, más o menos retóricas, contra el aumento de la contaminación y el ascenso crítico de las temperaturas en el horizonte 2100. La más significativa es el Plan Europeo de Inversiones Sostenibles (el conocido como European Green Deal) que, con una inversión pública y privada de un billón de euros en la próxima década, procurará que Europa sea el primer continente neutro en emisiones de CO2 en el 2050. En el terreno local, Barcelona, cuya ciudadanía expresó su preocupación ambiental en el último barómetro, se pone al frente –con la declaración de emergencia climática– de una lucha por ciudades más sostenibles. En ella se quiere incluir al puerto y el aeropuerto: aunque el ayuntamiento no tiene competencias directas sobre ellos, pretende impulsar un paquete de medidas en el que se tendrán que ver implicadas las administraciones responsables. Estas dos infraestructuras son uno de los principales focos de contaminación, no solo por el hecho de que Barcelona sea la ciudad europea con más emisiones procedentes de los cruceros sino por el conjunto de actividades de tráfico de viajeros, transporte, carga y descarga que hacen que el aeropuerto y el puerto sean dos infraestructuras vitales para Barcelona.

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Desde la penalización de los combustibles más contaminantes a la electrificación, pasando por medidas fiscales o la eliminación de vuelos en trayectos con alternativas racionales en tren, las propuestas municipales, algunas de ellas controvertidas, como esta última, inciden en un territorio sensible. Será necesario un debate sereno para encontrar un equilibrio entre el necesario crecimiento de la actividad económica, el transporte y la logística, y el gran reto de nuestra década, emprender acciones contundentes contra el deterioro ambiental.