25 may 2020

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Dos miradas

Las emisiones de gases contaminantes de Australia han aumentado durante cuatro años consecutivos.

EFE

Nube australiana

Josep Maria Fonalleras

Las partículas generadas por el fuego y la devastación provocan atardeceres magníficos

Parece ser que la huella de los incendios devastadores de Australia también llegará hasta aquí. Los expertos dicen que las nubes que viajan por la estratosfera y que son, de hecho, enormes masas enfriadas de cenizas y materiales en llamas, tormentas eléctricas sin precipitación o pirocumulonimbos, darán la vuelta al mundo y volverán a Australia. Una especie de círculo vicioso de humo y destrucción dilatada que se desplaza por el cielo y que ya ha cruzado el Pacífico hasta América del Sur.

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Las crónicas hablan de una disminución de la radiación ultravioleta debido a la presencia de la nube australiana, que provoca atardeceres magníficos, porque las partículas generadas por el fuego hacen que se dispersen mejor las ondas de los naranjas y rojos. Es decir, al menos en este caso, la belleza proviene de la devastación. Tendremos que volver a pensar, ahora que lo sabemos, en las puestas de sol que nos emocionaron y ante las que nos ensimismamos: quizá también provenían de una tragedia que entonces no sabíamos. Quizá "aquel atardecer que simula mil islas violetas", como decía Carner, era el reflejo de una lejana pérdida. La certeza nos hace más sabios. Y más tristes.