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Dos miradas

Un enfermo de alzhéimer, con su cuidadora.

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Cuidados

Emma Riverola

El mercado mira con desdén los cuidados, los considera poca cosa. Absurdo, porque nuestro bienestar depende de ellos

Pensamos en cuidados y la mente viaja a universos particulares, a esos que se abren detrás de las puertas. Sin duda, esa percepción responde al ejército de mujeres que los cargaban/cargan sobre sus espaldas. Ofrecidos por amor o deber. Eran/son gratis. Es decir, no valen nada. Eso dicen los dictados capitalistas, solo es valioso lo que tiene un precio. En ausencia de mujeres voluntarias, son los silentes batallones de migrantes, mal pagados y faltos de derechos, quienes se ocupan.

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El mercado mira con desdén los cuidados, los considera poca cosa. Absurdo, porque nuestro bienestar depende de ellos. Basta con asomarse a la actualidad para comprender cómo mejorarían nuestras vidas si los cuidados ocuparan el centro de interés político. La vejez sería llevada con más dignidad y confianza. También las discapacidades. Nadie quedaría atrás. Ni parados de larga duración, ni desahuciados ni jóvenes precarios ni niños lastrados por la miseria o prostituidos en centros de menores… Más allá de las leyes, se trata de convertir los cuidados en el sentimiento compartido que rija nuestra sociedad. Nos va la vida.