28 may 2020

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NUEVA FISCALA GENERAL DEL ESTADO

Juan Carlos Campo recibe la cartera del Ministerio de Justicia de manos de Dolores Delgado.

BALLESTEROS / EFE

Si en las formas está el fondo...

Rosa Paz

Hay precedentes. El de Javier Moscoso, que fue ministro de la Presidencia en el primer gobierno de Felipe González y de ahí pasó a ocupar la Fiscalía General del Estado. Pero aquellos eran otros tiempos, se estaba en los albores de la democracia y a nadie pareció sorprenderle que alguien pasara directamente del Gobierno a un cargo tan significado del Poder Judicial. El PSOE además gozaba de una mayoría súper absoluta en el Congreso y en el Senado y la oposición era escasa.

Nunca, hasta ahora, se había vuelto a producir un nombramiento de ese tipo, aunque ese hecho no ha impedido que la figura del fiscal general haya sido a menudo cuestionada por su vinculación ideológica -hubo fiscales generales con carnet de partido- y la supuesta dependencia de los gobiernos de turno. De hecho, es el Ejecutivo el que nombra al fiscal general, aunque el Estatuto de la Fiscalía proclama su "autonomía funcional" y su sujeción a los principios de "legalidad e imparcialidad".

No es extraño, por tanto, el revuelo que ha generado la decisión del presidente, Pedro Sánchez, de proponer a Dolores Delgado, hasta este martes ministra de Justicia, como nueva fiscala general. Una noticia polémica que llega como colofón, no muy brillante, a la buena impresión que había dejado la formación del nuevo Gobierno. El nombramiento de Delgado es legal, porque nada impide que ese cargo lo ocupe un exministro, así que los recursos que piensan interponer el PP y Vox no tendrán mucho recorrido. Pero no parece muy estético. Puede incluso ser contraproducente si el Gobierno quiere transmitir la idea de que no controla directamente la Fiscalía y si la propia fiscala general pretende demostrar que sus posiciones responden a criterios jurídicos y no a la estricta obediencia del Ejecutivo. Vamos, que si como acostumbra a decir la vicepresidenta, Carmen Calvo, "en democracia, en las formas está el fondo", se podrían sacar algunas conclusiones y no precisamente buenas.

Porque incluso desde el punto de vista de su eficacia en el cargo, a ella que tiene una dilatada experiencia como fiscala antiterrorista en la Audiencia Nacional y fama de ser muy buena en su trabajo, puede perjudicarle este repentino nombramiento, porque sus decisiones estarán siempre bajo la sospecha de estar favoreciendo las posiciones políticas del Gobierno. Esto será especialmente así en lo referente al conflicto catalán, en un momento en que el presidente se ha comprometido a desjudicializarlo.

Estos son algunos de los aspectos negativos que se derivan de la manera en que se ha procedido a designar a la nueva fiscala general. Pero los hay también positivos en el perfil profesional y humano de la exministra. No en vano Delgado es una fiscal con un gran bagaje profesional en una actividad tan dura como es combatir el crimen organizado, sea este el narcotráfico o el terrorismo, primero el de ETA y después el yihadista. Es, por tanto una mujer preparada, valiente y con carácter para hacerse cargo de la Fiscalía, conseguir que el colectivo de fiscales respete su jerarquía y actuar con esa autonomía que proclama. Pero tendrá que esforzarse en demostrarlo.