07 abr 2020

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Editorial

El despido de Valverde en el Barça

La directiva ha gestionado el relevo en el banquillo por Quique Setién de forma caótica y desconsiderada

Ernesto Valverde, durante un entrenamiento.

Ernesto Valverde, durante un entrenamiento. / REUTERS / SERGIO PÉREZ

El FC Barcelona ha vivido los últimos cuatro días bajo una sorprendente pulsión autodestructiva propia de sus peores épocas. La derrota ante el Atlético de Madrid en la semifinal de la Supercopa disputada en Arabia Saudí abrió de forma abrupta la caja de los truenos con el técnico Ernesto Valverde como protagonista. Se cerró de mala manera después de que la junta de Josep Maria Bartomeu adoptara ayer la decisión de despedir al entrenador del equipo durante los dos últimos años y medio –en los que ha ganado dos Ligas, una Copa y una Supercopa– y su relevo inmediato por Quique Setién, el veterano exentrenador del Betis. De forma paradójica, la destitución de Valverde llega después de jugar uno de los mejores partidos de la temporada –pese a la derrota por 2-3 en unos 10 últimos minutos fatídicos– y con el equipo líder de la Liga y clasificado para los octavos de final de la Champions. Hay que remontarse 17 años para tener un precedente de que una directiva del Barça despidiera a un entrenador. El afectado fue Louis van Gaal y los azulgranas estaban entonces en la Liga nada más y nada menos que a 20 puntos del líder, la Real Sociedad.

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En primer lugar, cabe decir que el club ha gestionado el cambio de entrenador de forma caótica y desconsiderada. Cierto es que los dos desastres seguidos en la Champions (Roma y Liverpool) dejaron tocado a Valverde, como la derrota en la final de Copa ante el Valencia, y fue el propio presidente quien apostó por su continuidad. El 2-3 ante el Atlético, y el anterior empate en campo del Espanyol (colista de la Liga), reabrieron el debate sobre un entrenador a quien sus críticos veían ya gastado para activar al equipo –atrapado entre la rutina y la veteranía de  algunos de sus pilares– y no reincidir en errores tan gruesos como las dos eliminaciones europeas. Pero los resultados de esta temporada están ahí y Valverde –siempre un caballero en todas sus actuaciones– no se merecía una destitución tan pregonada como la que ha vivido este fin de semana. La junta entró de forma tempestuosa en un innecesario mercadeo público en busca de un relevo en el banquillo, sobre todo en el caso del frustrado intento de contratar a una leyenda de la entidad como Xavi Hernàndez, que hoy vive en Qatar el año de su debut como entrenador. Su negativa y la de otro mito del Barça como es Ronald Koeman, actual seleccionador de Holanda,  son reveladoras de la forma en que la directiva ha afrontado la cuestión del cambio de entrenador.

Resulta evidente que el club, a estas alturas de la temporada, debía estar analizando una posible sucesión de Valverde, pero no era algo que se revelara urgente. Con la vista puesta en junio, se hacía precisa la máxima discreción. Pero Bartomeu y su junta han perdido su confianza en Valverde y optado por dar un volantazo a mitad de curso. Llegan los meses decisivos, con la segunda vuelta de la Liga y los octavos de final de la Champions ante el Nápoles (25 de febrero y 18 de marzo). Ha jugado fuerte, por lo tanto, la directiva en su decisión de cambiar de entrenador en enero, porque a ningún socio o aficionado le pasa por la cabeza que ya se haya dado por perdida la temporada.