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La realeza británica

Los duques de Sussex, el pasado 2 de octubre.

AFP / MICHELE SPATARI

Harry y Meghan, y Alan, y Ian y Elton

Care Santos

Llamada a Alan Bennett y Ian McEwan: por favor, sed irónicos, sarcásticos, perversos, elegantes, convertid esta realidad de los duques de Sussex en una ficción ácida de guante blanco

Estaba estos días ocupada en mis asuntos cuando saltó a la pantalla de mi teléfono una alarma del diario inglés 'The Guardian', que se complace en informarme al punto de lo patas arriba que está el mundo. En el segundo que tardé en abrir la pestaña pensé lo peor: el 'brexit', Trump, Irán, los pobres canguritos, Putin. Pero no. La noticia rezaba: «Harry y Meghan, duques de Sussex, han decidido trabajar con el fin de ser independientes económicamente».

Me acordé al punto de Alan Bennett, Stephen Frears, Yorgos Lanthimos o Friedrich Schiller, por citar solo algunos de los que han convertido en suculentas ficciones las existencias de la realeza británica, hasta el punto de convertir el temita casi en un género. Imaginé a la pareja, ya despojados de su condición de 'senior members' de la familia, acudiendo a Sandringham por Navidad desde otra dimensión, debilitados, transparentes y parpadeantes como si estuvieran en un capítulo de 'Black Mirror'. También soñé la segunda parte de 'Los inmortales' con Isabel II como protagonista y varios de sus descendientes sentados a la mesa tramando decapitarla. Ya saben: es el único modo y solo puede quedar uno. Ella, claro.

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Pensé que tengo que conseguir el correo de Alan Bennett, el autor que en 'Una lectora nada común' transformó a Isabel II en devoradora de libros. También de Ian McEwan, para que nos cuente cómo un par de cucarachas criadas en las cocinas de Bukingham despiertan un día convertidos en Meghan y Harry y la lían parda. Por favor, Alan, Ian, hacedlo. Sed irónicos, sarcásticos, perversos, elegantes, convertid esta realidad en una ficción ácida de guante blanco.

Mientras tanto, visualizo la reunión familiar más ardua como si fuera el final de María Estuardo: la reina al borde de las lágrimas, Kate disimulando, de fondo los jardines de palacio y la voz de Elton John: 'Fly away, skyline pidgeon, fly'.  Y un poco más allá, tras el jarrón chino de valor incalculable, el fantasma descompuesto de la reina Ana, tan incomprendida la pobre, babeando.