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La guerra del Donbás

El fin del conflicto territorial (en Ucrania)

MONRA

El fin del conflicto territorial (en Ucrania)

Albert Branchadell

Tras cinco años de confrontación, se ha perfilado un régimen de autonomía 'sui generis' como punto de encuentro

Uno de los conflictos territoriales más graves del continente europeo es la guerra larvada entre Ucrania y las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, en la región oriental del país conocida como el Donbás. Más de 13.000 personas han muerto desde que en la primavera del 2014 fuerzas rebeldes locales con el indisimulado apoyo de Rusia proclamaron por la fuerza la secesión unilateral de esos territorios. El contraste con la anexión de Crimea a Rusia es evidente: tras un referéndum declarado inconstitucional por las autoridades de Ucrania y no reconocido por ningún país occidental, la anexión se desarrolló de manera absolutamente pacífica.

El mismo día de su aplastante victoria electoral, el 21 de abril del 2019, el flamante presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, declaró que lo primero que le diría a Vladímir Putin cuando tuviera oportunidad de hablar con él sería que Rusia debe devolver Crimea a Ucrania. En julio, Zelenski se convirtió en el primer presidente ucraniano en comunicarse directamente con Putin desde el año 2016, pero la conversación no giró en torno a la devolución de Crimea sino a la conveniencia de poner fin a la guerra del Donbás. Es probable que entre abril y julio Zelenski calibrara la distancia que hay entre lo que se puede proclamar en la euforia de una noche electoral y lo que es realista esperar dadas las circunstancias objetivas sobre el terreno y las relaciones de poder entre los interlocutores de una mesa de negociación.

La paz en el Donbás

Con el inestimable impulso de Emmanuel Macron y Angela Merkel, Zelenski y Putin se citaron para verse en diciembre en París. La oposición nacionalista ucraniana puso el grito en el cielo, con manifestaciones callejeras incluidas que pedían a Zelenski evitar la "capitulación" ante Rusia que al parecer suponía el solo hecho de sentarse a hablar con Putin. Haciendo caso omiso de las presiones, Zelenski acudió a París, donde como era previsible no se habló del futuro de Crimea sino más bien de revitalizar los Acuerdos de Minsk II firmados en el 2015. Así, el tema central fue la paz en el Donbás, cuyos primeros pasos debían ser el alto el fuego y el intercambio de prisioneros entre el Gobierno de Ucrania y las autoproclamadas repúblicas que ya se habían previsto en Minsk.

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Que la cumbre fue bien lo demuestra el hecho que el 29 de diciembre el Gobierno de Ucrania liberara a 124 prisioneros y las autoproclamadas repúblicas hicieran lo propio con 76 cautivos. Y a pesar de que la Misión Especial de la OSCE en la región sigue detectando pequeñas violaciones diarias del alto el fuego es indudable que el conflicto bélico ha entrado en una fase de pacificación.

Mientras esto sucede en el este, en Kíev el presidente Zelenski acaba de registrar en el Parlamento nacional el proyecto de ley número 2598 "Sobre las enmiendas a la Constitución de Ucrania (relativas a la descentralización del poder)", un primer paso para dar cumplimiento al apartado político de los Acuerdos de Minsk, que también preveían una reforma constitucional en Ucrania con la descentralización como "elemento clave".

Tras cinco años de confrontación, y con el permiso de la furiosa oposición nacionalista ucraniana, todo parece indicar que el fin del conflicto del Donbás asoma en el horizonte, y no va a ser ni la independencia de Donetsk y Lugansk ni su simple retorno a la soberanía del hasta ahora estado unitario ucraniano, sino más bien un régimen de autonomía sui generis como punto de encuentro entre los intereses de ambas partes.