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DOS MIRADAS

Núria Espert, durante la presentación de ’Romancero gitano’ en el Teatre Romea, el 7 de enero.

FERRAN NADEU

La magia se eleva del escenario y envuelve la platea estos días en el Romea, donde Núria Espert presenta el 'Romancero gitano' de Lorca

Hay muchas patrias. Algunas están trazadas en los mapas, lucen nombre propio e imponen gentilicios. En su honor se alzan banderas y se libran guerras. Se entonan himnos, se erigen templos. Y mausoleos. Otras patrias están hechas de intangibles. Son sentimientos y memoria. Es la infancia, dijo el poeta Rilke, también DelibesSaint-Exupéry, Baudelaire... Son las palabras, apuntó Jorge Semprún, y Juan Goytisolo, y tantos otros. Hay patrias grandes, que se exhiben como trofeos. Las hay chicas, que se esconden como el más bello de los secretos.

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Núria Espert ha llegado al Teatre Romea de la mano de Lluís PasqualUn viaje por el 'Romancero gitano' de Federico García Lorca. Una hora durante la cual la magia se eleva del escenario y envuelve y atrapa la platea. Hay silencios, susurros, gritos y lamentos. Calma y desgarro. Hay sonrisas felinas y furia en los ojos. Unos instantes con Paco Ibáñez. Y siempre Federico. Con su soledad y sus sueños, su tierra y su sangre, sus miedos y su rabia ante la injusticia. Hay muchas patrias. Pero pocas hay tan humanamente plenas como la que desnuda, estas noches, la inconmensurable Espert.