11 ago 2020

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ANÁLISIS

Valverde y los jugadores azulgranas, en un entrenamiento previo al partido de Supercopa contra el Atlético en Yeda, Arabia Saudí.

EFE / JUANJO MARTÍN

Nuevas revelaciones de la operación 'Tormenta del Desierto'

Jordi Puntí

Mientras escribo estas líneas, el futuro de Ernesto Valverde como entrenador del Barça pende de un hilo. La tarde de domingo sin fútbol, que se prometía apacible tras la eliminación en la Supercopa, de repente se llena de rumores y noticias con el impacto de una revelación en un culebrón turco, que son los que se llevan ahora. Resulta que Suárez, que decidió operarse de la rodilla, va a estar cuatro meses de baja. No es un adiós a la temporada, pero casi.

Sin tiempo para digerir el revés en la delantera, llega un nuevo giro de guion: resulta que Xavi Hernández ha dicho no. No ahora. Tras varias horas deshojando la margarita, el de Terrassa ha tomado la decisión más sensata y prefiere no asumir el riesgo de sustituir a Valverde. Todavía tiene poca experiencia como entrenador, pero si su aprendizaje en Qatar ha crecido tanto como su nivel de inglés, puede ser un buen candidato para el futuro próximo. Diciendo ahora que no, además, Xavi se quita de encima ese papel anticuado que era el Hombre de Club, siempre a punto cuando le llaman, pero siempre también plato de segunda. Un Charly Rexach, digamos.

Uno espera que la oferta del Barça a Xavi no tuviera aires de ultimátum -o ahora o nunca-, pero no hay que descartarlo

Uno espera que la oferta del FC Barcelona a Xavi no tuviera aires de ultimátum —o ahora o nunca—, pero no hay que descartarlo. Por parte de la directiva, la operación Tormenta del Desierto parece tan patosa e improvisada que el panorama que queda ahora es desolador.

¿Cómo puede seguir Valverde, sabiendo que le buscaban sustituto? ¿Quién le va a reemplazar, sabiendo que solo cuentan con él para media temporada? Sigue la tarde de domingo, oscurece en el Camp Nou, y suenan más nombres: García Pimienta, Setién, Milito

Y todo por la derrota de la Supercopa

Mientras esperamos noticias, ponderamos la situación. Tiene su lado gracioso —de reírse para no llorar, y viceversa— que toda la situación la haya provocado la derrota de la Supercopa. Es decir: esos diez minutos fatídicos al final. Porque hasta ese momento el Barça había hecho un partido notable, con ratos de muy buen juego y un Messi estelar.

Así las cosas, el partido que quizá sentenció a Valverde fue la antítesis de lo que más se le criticaba: el resultadismo. Si su trabajo lleva tiempo cuestionado por los aficionados, es justamente porque daba más importancia al resultado que al juego, y además lo defendía sin entusiasmo, más como una necesidad que una virtud.

Contra el Atlético de Madrid falló el resultado final y, más que el enfado de la eliminación, lo que soliviantó a los aficionados fue un déjà vu de Roma, de Liverpool. Como un ensayo general del desastre que nos espera. Hace tiempo que este equipo está resquebrajado y, a largo plazo, las mejoras pasan por volver al ideario que nos ha hecho como somos, y esto también debe afectar a los dirigentes del club.

Sustituir ahora al entrenador puede que solo sea un parche temporal, pero hago mías las palabras del escritor Juan Pablo Villalobos en Twitter, tras la eliminación de la Supercopa: “La vida es eso que pasa mientras Messi envejece y el Barça no echa a Valverde”. Me pregunto si el propio Messi no pensará también lo mismo, ya me entienden.