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La nueva etapa política

Pablo Iglesias felicita a Pedro Sánchez tras lograr el apoyo del Congreso para ser presidente del Gobierno, el martes 7 de enero.

GETTY IMAGES / PABLO BLÁZQUEZ

El Gobierno fabada

Olga Merino

Leo en los 'Diarios' de Iñaki Uriarte, mi gran y reciente descubrimiento lector, publicados por la editorial riojana Pepitas de Calabaza, un párrafo que corresponde a noviembre del 2005, cuando comenzó en el Congreso la tramitación de aquella nueva Carta catalana, una entrada en los cuadernos que dice: "Yo creo que el anticatalanismo es la esencia del nacionalismo español. A cualquier español-español, le rascas un poco y sale el anticatalán".

Unas pocas páginas más adelante, el escritor consigna una Nochevieja en Málaga junto a un amigo que le confiesa haber dejado de desayunar Nesquik y comer fabada Litoral porque son productos de empresas catalanas. La inquina del esencialismo español contra el catalán —uno y otro se retroalimentan—, "a María [la compañera de Uriarte] y a mí nos cae un poco más lejos"; todo lo a trasmano que cualquier atisbo nacionalista pueda cogerle a un vasco nacido en Nueva York, que debe de ser bastante.

El garbanzo en el zapato

Cuánto han cambiado las cosas en 15 años, desde que José Luis Rodríguez Zapatero pronunció la frase gafada ("aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlament de Catalunya"). Cuánto tiempo dilapidado, cuánta vida en funciones desde entonces. Una desearía que el asunto sonara ya tan distante como un sirimiri tras el cristal, pero me temo que será el garbanzo en el zapato en los meses por venir, entre el maximalismo 'eixelebrat' de los independentistas y la derecha ultramontana, la piedra de toque de una legislatura que se prevé movida y cuesta arriba, como auguraba el verso aquel del argentino Juan Gelman: "Este amor es más difícil que cagar en un frasquito".

Cuando se toca fondo, ya no queda otra que remontar. La resolución negociada es ya impostergable, y confío en que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y el independentismo posibilista estén a la altura de la responsabilidad que les ha caído sobre los hombros. Guste más o guste menos, esto es lo que ha querido la mayoría democrática del país. Un Gobierno tan variopinto, tan gaseoso e indigesto para algunos como la fabada. A por ello.