11 jul 2020

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LA CLAVE

Los políticos independentistas presos en la cárcel de Lledoners, en diciembre del 2018.

ÒMNIUM CULTURAL

El futuro de los presos del 'procés'

Luis Mauri

Con indulto o con reforma del Código Penal, si la reconducción política de la crisis catalana no descarrila, el porvenir de los reclusos del 'procés' no está en la celda

Así es imposible prestar atención a los detalles. ¿Quién está para pormenores en pleno advenimiento del apocalipsis, con sus trompetas, sus monstruos y sus llamaradas? En este país, el mundo se acaba tres veces cada día. El universo ruge y retiembla con espanto, y cada jornada, da igual soleada que lluviosa, es pomposamente histórica.

Con tanto y tan fatigoso trajín no es fácil atender a los detalles. Pero estos existen y son relevantes. Los bramidos reverberaban aún en la bóveda del Congreso cuando UGT y CCOO anunciaron una petición de indulto para la 'exconsellera' Dolors Bassa, condenada a 12 años. Un detalle significativo eclipsado por la loca urgencia del fin del mundo permanente.

La situación de los presos va a ser una clave principal en el intento de reconducción del conflicto catalán hacia la esfera política. El asunto estará en la mesa. Encima o debajo, pero estará. Aliviar la carga penitenciaria allanaría el camino del diálogo y beneficiaría en principio a ambas partes. Al independentismo, por razones obvias. Al Gobierno, porque amortiguaría el impacto de una consigna básica del relato secesionista posterior al fiasco de la DUI, esa que dibuja un Estado represivo y vengador.

Hay tres instrumentos posibles, aunque no todos probables, para lograr dicho alivio: la amnistía, el indulto y la reforma del Código Penal. El indulto perdona parcial o totalmente la pena, pero no exime de la culpa. Y no exige arrepentimiento del reo: cualquier ciudadano puede solicitar el indulto de un condenado.

Virtud electoral

La amnistía, por el contrario, anula de raíz el delito. La amnistía es un repudio retroactivo de la ley penal. Hoy es inimaginable una mayoría parlamentaria para sacarla adelante. Pero la virtud real de la demanda de amnistía no es jurídica, sino electoral. Esto lo sabe su primer predicador, Joan Tardà. No habrá amnistía, pero su colosal carga emocional será muy rentable para los independentistas cara a las cercanas elecciones catalanas.

La tercera opción es reformar el Código Penal para rebajar las penas por sedición y posibilitar una excarcelación más o menos próxima. El Gobierno no tendría problemas para aglutinar aquí una mayoría parlamentaria. Con indulto o con reforma penal, si la reconducción política no descarrila, el futuro de los presos del 'procés' no está en la celda.