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Revisión de libros

Imagen de una librería en Reikiavik.

CAROL ÁLVAREZ

Los buenos 'censores'

Carmen Domingo

Lo más peligroso de nuestra época es el imperio de lo políticamente correcto, porque es el preludio de la muerte del pensamiento

La primera vez que oí hablar de los 'lectores de sensibilidad', una profesión que, contratada o requerida por editoriales, agencias o los propios autores, consiste en determinar si un colectivo social aparece representado de un modo ofensivo en un libro, recordé 'Memorias de mis putas tristes', la última novela de García Márquez, y las reacciones que suscitó.

De haber dejado el libro del premio Nobel en sus manos, pensé, ¿hubieran evitado o enmendado la publicación de la historia del anciano periodista y la niña de clase obrera que vende su virginidad para ayudar a su familia? ¿O, por lo contrario, habrían pensado en mantenerla porque daba más dinero por la publicidad que supondría la polémica?

En la historia, iglesia, burguesía, realeza, dictadores, editores y hasta los directores de bibliotecas se han empleado a fondo en prohibir, por sus contenidos, cientos de títulos y lo han conseguido en no pocas ocasiones.  

¿Se habría publicado la 'Lolita' de Nabokov de haber 'metido mano' algún 'lector de sensibilidad'?

Puede ser.

En la actualidad, está claro que la inclusividad es una tendencia al alza y de ahí el nacimiento de esta nueva figura que busca, no solo señalar lo “políticamente correcto”, sino también, y sobre todo, el lado económico, facilitar las ventas y evitar los posibles boicots que podrían arruinar una inversión editorial si un colectivo se siente aludido.

¿Debería la literatura preocuparse por la sensibilidad de cada lector? ¿Le damos alas a la censura? ¿Les preocupa a los autores ser acusados de sexismo, racismo u homofobia? ¿O por el contrario lo utilizan? Dependerá del autor, pero, sobre todo, del público al que se dirija y de los resultados económicos y la publicidad que espera conseguir.

Lo más peligroso de nuestra época es el imperio de lo políticamente correcto, porque es el preludio de la muerte del pensamiento, pero no es menos cierto que no hace falta ser ballena para escribir 'Moby Dick'. ¿Deberíamos, entonces, dejar que nos impongan los contenidos de nuestras obras?