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ANÁLISIS

El entierro de Solimani en Iraq.

AP

La venganza iraní es un plato que se sirve frío

Cristina Manzano

El entierro del general Soleimán ha hecho recordar las exequias del ayatolá Jomeini en 1989

Las imágenes recordaban a otro tiempo, a otro momento histórico. Junio de 1989. Una marea humana incontenible en torno al cadáver del guía de la revolución islámica, el todopoderoso ayatolá Jomeini; una masa tan histérica, –así llegaron a describirla- en su fervor, que el cadáver acabó por los suelos. Los hechos en Kerman, la ciudad natal del general Qasem Soleimani, han sido aún más dramáticos: 56 personas murieron y más de 200 resultaron heridas por una estampida durante el funeral del militar asesinado por Estados Unidos.

Millones han salido a las calles iraníes, unidas en torno a un dolor y a un grito común, pedir venganza. Una de las primeras consecuencias visibles del ataque estadounidense: volver a reunir a los ciudadanos de Irán en torno a un objetivo. Los mismos ciudadanos que hace no muchas semanas clamaban contra su gobierno, y eran duramente reprimidos, por las enormes dificultades económicas por las que atraviesa el país.

Hace años que Estados Unidos y sus aliados en la región –Israel y Arabia Saudí- le “tenían ganas” a Soleimani, pero varios días después de su asesinato sigue costando entender los motivos de los estrategas de Washington sobre por qué ahora.

La excusa de amenazas sobre intereses norteamericanos –no está claro si “inminentes” o no, aunque sobre ese término puede recaer en buena medida la legalidad de la acción- no resulta demasiado creíble per se. Tampoco las bravatas del presidente Trump, ni las respuestas de su Secretario de Estado, Mike Pompeo, han ofrecido más claridad pública sobre el asunto. Entre las complicaciones añadidas, el haber ordenado el ataque sin contar con el Congreso y el haber violado la soberanía iraquí.

Otros barajan el deseo de forzar definitivamente la retirada de las tropas estadounidenses de Irak –lo que el chusco episodio de una carta enviada “por error” podría respaldar-, pero no parece que eso sea posible … todavía.  Muchos han apelado, por último, a la “distracción” en tiempos de impeachment; una excusa demasiado burda, aunque de la Administración Trump cualquier cosa se puede esperar.

"Un acto de guerra"

Del otro lado, no cabe duda de que Irán responderá. El último en afirmarlo ha sido Javad Zarif, su ministro de Asuntos Exteriores: “Ha sido un acto de guerra y de terrorismo. Tenemos la obligación de proteger a nuestros ciudadanos y a nuestros militares. Haremos las deliberaciones necesarias y actuaremos, pero sin prisa, no de una manera precipitada”. Así de claro lo dejaba hoy mismo en una entrevista en Al Jazeera.

El propio líder supremo ha afirmado que la venganza será proporcionada y directa; es decir, que no llegará por delegación a terceros –los famosos proxies- como en otras ocasiones. El fantasma de la guerra abierta parece difuminarse, pero Teherán ha demostrado que cuenta con la capacidad, la experiencia, las armas y las herramientas para hacerlo por otras vías –ataques terroristas, ciberataques, asesinatos selectivos, etc.-, en cualquier momento, al menos en la región.

Puede que Estados Unidos se haya librado de un “enemigo”, pero hoy el mundo es un lugar menos seguro.