Análisis

Cuando todo es difícil y necesario

El acuerdo que echa a andar reclama de alianzas que no sean coyunturales ni breves a pesar de las dificultades

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El vicepresidente del Govern, Pere Aragonès.

El vicepresidente del Govern, Pere Aragonès. / EFE / TONI ALBIR

¿Existe el riesgo de que el Gobierno que este martes echa a rodar acabe como el rosario de la aurora y con Pedro Sánchez asumiendo otra de sus múltiples caras políticas? Sí. No está asegurado el éxito de la empresa, por supuesto. Es una operación de alto riesgo. Para todos. No solo para los socialistas, Podemos y una ERC que ha sido clave para que la probatura sea posible. Hay mucho en juego, y no solo en clave de aritmética partidista. De manera que si el invento salta por los aires, no solo afectará al crédito de los partidos implicados sino que puede volver a confirmar en sus temores a muchos ciudadanos, especialmente en Catalunya, que piensan que, en el tablero de juego español, no hay nada que hacer. En los últimos años, en gran parte así lo ha parecido. Pero si se saben construir y consolidar alianzas nuevas que impliquen avances, pactos y espacios de diálogo renovados, quizás aquello de “ensanchar la base” que han pregonado los de Oriol Junqueras de un tiempo a esta parte no se quedará solo en un eslogan. Es una posibilidad.

Mientras, a los que en Catalunya ya hace también unos años que han apostado por el referéndum o directamente por la independencia, y que no ven nada clara la nueva etapa, también merecen todo el respeto, así como explicaciones y pedagogía. Hechos junto a palabras, también para ellos, asumiendo a la vez que los independentistas o son más o no conseguirán su objetivo último.

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Cuando hace unos días Pere Aragonès hablaba de la asunción del riesgo que asumía su partido, dispuesto a recibir arañazos, me vinieron a la mente dos libros de Jordi Pujol. El primero, 'El caminant davant el congost', de 2012, una cuidada selección de artículos y conferencias del 'president', llevaba por subtítulo 'Cuando todo es difícil. Y necesario'. Era la expresión de una decepción y de una determinación, esta última plasmada años antes en otro libro suyo, de 1997, publicado después de legislaturas de apoyo a Felipe González y entonces recién estrenada etapa con José María Aznar: 'Tot comprimís comporta risc'. El compromiso y su riesgo adjunto. Ahora, nueva etapa, nueva partida, compromisos nuevos y riesgos siempre ahí presentes, sin duda no solo de arañazos.

Hay motivos, aquí y allá, a derecha e izquierda, para ser como mínimo escépticos con las alianzas que este martes echan a andar, pero se ha apostado por la política, que a menudo tira de esa filosofía del mal menor que no entusiasma demasiado a nadie pero que, a estas alturas, si implica dejar de tenerlo todo embarrancado y sin la mínima perspectiva de construir algo en el horizonte, ya es. Y reclama de alianzas alternativas que no sean coyunturales ni breves a pesar de las dificultades. El pacto que esta semana inicia singladura necesita tiempo para consolidarse, para dar frutos, para reordenar el tablero, para calmarlo, para retratar a quienes pretenden erigirse en sinónimo de soluciones y a quienes no son otra cosa que lo contrario. Unos y otros se irán ganando su sitio con tiempo. Que como mínimo eso, y la paciencia, no nos falten.