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Dos miradas

Fotograma de ’Qué bello es vivir’.

RKO Photofest

El ciclo de Navidad también es cinematográfico. Empieza con Capra y termina con Huston. De 'Qué bello es vivir' hasta 'Los muertos'. De la esperanza de los buenos sentimientos, que cambian el mundo, a la certeza del final, la conciencia de las sombras en que nos convertiremos. Empieza en Nochebuena y termina en la noche de Reyes que es Epifanía, es decir, manifestación inclemente de una evidencia.

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Y siempre nieva. Nieva sobre la inquietud de los vivos y nieva en toda Irlanda, "sobre todos los vivos y los muertos". Gabriel Conroy lo contempla desde la ventana del hotelito donde Gretta duerme después de la fiesta, después de haber escuchado 'The Lass of Aughrim' al pie de las escaleras, después de haber descubierto que "más valía pasar al otro mundo decididos, en la plena gloria de alguna pasión, que apagarse y marchitarse tristemente".

La calmada, pausada caída de la nieve sobre un "mundo sólido" que se convierte, poco a poco, en el "mundo gris" de "todos los que han existido, desde el principio de los tiempos". Vuelvo a Huston Joyce, como cada año: la elegía por aquella partícula inflamada, ahora disuelta, que hacía posible el olvido, por unos instantes, de nuestra fugacidad.