26 feb 2020

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BARRACA Y TANGANA

 Arthur protege el balón del acoso de Anguissa  durante el partido de Liga entre el FC Barcelona y el Villarreal

JORDI COTRINA

Negrocampista

Enrique Ballester

Si eres negro y juegas de centrocampista, van a destacar tu físico. Da igual lo que hagas porque ya han decidido lo que eres

Gente que piensa de una manera y gente que piensa de otra. Gente que se quiere hasta que deja de quererse. Gente que desea lo que no tiene y gente que defiende lo que tiene. Gente que se necesita y luego ya no se necesita. Así es la vida, así es el fútbol y así es la política. Unos pocos manejando y monetizando los instintos y las ilusiones de muchos.

Nos ha tocado vivir en una de las mejores épocas de la historia de la humanidad, o la mejor, pero eso qué más da. La sensación general dicta que se acerca el apocalipsis, que si golpes de estado que si tercera guerra mundial, que si antes todo era mejor y que ahora todo empeora y empeorará. Pasa con el fútbol, donde a menudo los datos palidecen ante la inercia de la subjetividad, ante la corriente imparable de los estados de opinión. Es probable que no exista otra manera humana de funcionar. La sensación es el preludio del prejuicio y contra el prejuicio es muy difícil luchar.

Si eres negro y juegas de centrocampista, van a destacar tu físico. Da igual que muestres una extraordinaria lectura táctica de los partidos y no importa que tu capacidad técnica sea sobresaliente. Da igual que rondes los cien pases sin fallo y no importa que el partido se juegue antes en tu cabeza que en el césped. Da igual lo que hagas porque ya han decidido lo que eres. Eres negro, corres mucho, eres físico; eres negrocampista. Subyace ahí un curioso racismo cotidiano. En el periodismo ocurre a veces algo equivalente. Si escribes bien, habrá quien diga que no sabes hacer otra cosa, como si esa cualidad fuera una tara que anulara el resto, un sinsentido que sin embargo perdura. Tiene su lógica, en ambos casos. Una lógica doble. Gente que defiende lo suyo. Es muy difícil luchar contra el prejuicio.

Trabajar con fiebre

Gente que piensa distinto. Hace un par de días se aplazó el Zaragoza-Sporting de Segunda, que debía jugarse en principio este fin de semana. El Sporting alegó que tenía diez futbolistas con gripe y 38 grados de fiebre. Leí a un montón de gente quejándose por el aplazamiento, apuntando que ellos han de ir a trabajar igual aunque tengan gripe y fiebre. Me extrañó que la queja no fuera por ahí, precisamente, que no les molestara justo eso. Resulta que protestaban por la suspensión del partido. Resulta que no protestaban por tener que trabajar enfermos. El capítulo fue directo al baúl de las cosas que no entiendo, como la devoción por Koke o los besos a los perros. Observé las reacciones en silencio.

Porque uno qué debe hacer en estos casos. No vas a ir por ahí cogiendo al personal por las solapas diciendo mírame, diciendo escúchame, intentando convencerlos uno a uno: esto no, esto tampoco y esto todavía más no, esto no es así, algo va mal y algo irá peor. Podrías, pero para qué. Uno solo aspira a que los hijos se le duerman encima. E igual los negrocampistas están cómodos como negrocampistas. Y ocurre que bastante tenemos cada uno con lo nuestro. Ocurre que rendirse y asumir que hay asuntos que nos superan es la opción más natural, aunque sea por salud mental, aunque sepas que la última trampa es esa.  

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