27 feb 2020

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al contado

Reunión entre los equipos negociadores del PSOE y ERC en el Congreso de los Diputados, el pasado 28 de noviembre. 

JOSÉ LUIS ROCA

Esto es la democracia, no el apocalipsis

Agustí Sala

Hablando ni se rompe España ni se quiebra la legalidad, pero hay muchos que prefieren la crispación permanente

Una cosa es que disguten unas ideas o medidas económicas y otra que estas sean o no legítimas o legales. Si no hay un giro imprevisto del guión, el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos, con subidas impositivas a las rentas altas o la derogación parcial de la reforma laboral, puede plasmarse en el primer gobierno de coalición en la historia democrática española, con la abstención decisiva de ERC

Esto es, en esencia, en lo que consiste la democracia parlmentaria, el juego de las mayorías; y es tan válida para esta fórmula en la se combinan políticas de izquierdas y territoriales como para la que permitió que el PP gobernara en comunidades como la de Madrid no solo con el apoyo de Ciudadanos, si no también con el de Vox.

Quienes atacan el rol que juega ERC en la posible investidura de Pedro Sánchez destacan que es un partido con representantes en la cárcel e incluso golpista, olvidando la naturaleza democrática de la organización política más antigua de Catalunya. Estos mismos defienden a la vez que el ultraderechista Vox es un partido constitucionalista, aunque este quiera liquidar las autonomías, recogidas y consagradas en la Carta Magna.   

Tras años de crispación que algunos, de uno y otro bando, anhelan mantener, ha llegado el momento del diálogo y la negociación. Esa es la esencia de la política. De ahí que en los acuerdos actuales se empleen términos abiertos y ambiguos con los que todas las partes puedan sentirse cómodas, venderlo a sus seguidores como si de un triunfo se tratara y que a la vez no supongan ataduras insalvables de cara al futuro.

El pacto entre los socialistas y los 'morados' incluye el eje ideológico, es decir, medidas de carácter social de tendencia izquierdista. Hacía meses que era necesario debatir sobre políticas concretas y eso ya ha desatado las iras de numerosos sectores, como los empresariales. Bienvenida sea la confrontación de ideas. Pero a la vez, el pacto incluye el vector territorial, tratando de incorporarlo al terreno del diálogo y la negociación.

En vez de alertar sobre el apocalipsis y enfangar permanentemente el terreno de juego, haría bien el PP, que se dice centrista, en hacer propuestas en positivo, a no ser que anhele aupar a Vox y sacar rendimiento de la crispación y el bloqueo, como algunos sectores independentistas con la inestimable colaboración de algunas anquilosadas instituciones del Estado.

Porque la cuestión es que se puede hablar de todo. Porque hablar no significa ni avalar ni apoyar sino debatir, algo que que debe formar parte de la política. Ni hablando se rompe España ni se quiebra la legalidad, ya que cualquier pacto debe luego ser conocido y ratificado. Señores, esto es la democracia.