20 feb 2020

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Dinero difícil

Los líderes de PSOE y Podemos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el 30 de diciembre, día en que firmaron su pacto de Gobierno.

JOSÉ LUIS ROCA

Desgobierno digital

Albert Sáez

Sorprende que la nueva generación que llega al Gobierno no impulse la digitalización

La batalla por el bienestar futuro se juega en la transformación digital. Instituciones y empresas tienen la necesidad de adaptarse a los nuevos hábitos de las personas fruto de la manera cómo han decidido utilizar la tecnología digital. Negarse a ver esta evidencia es negarse a entender el presente y nos condena a perder la batalla del futuro. Estados Unidos y China lideran esa transformación. En el primer caso gracias al impulso del malvado Silicon Valley durante los mandatos de Clinton (Al Gore) y de Obama. En el segundo, como todo en ese país, desde el Gobierno. Europa sufre para incorporarse a esa batalla. La UE aún está dominada por la lógica industrial aunque la última Comisión Europea intentó dar el vuelco. Pero queda mucho por hacer. 

El repaso al programa de gobierno pactado por el PSOE y Unidas Podemos con las gafas digitales es descorazonador. Se habla de una ley de derechos digitales, correcto aunque sería suficiente con trasponer con urgencia las últimas directivas europeas en la materia. Se dice que se va impulsar la tecnología 5G en temas como las Smart Cities, la sanidad o los videojuegos, correcto también aunque eso iba a pasar con o sin gobierno. Y se ponen deberes a la Administración en materia de transparencia, carpeta digital, trámites y alfabetización, correcto pero tardío. Quizás lo más extravagante es que se proponga una "estrategia española de inteligencia artificial", un asunto en el que lo que es imprescindible es sumarse a la estrategia europea por un simple tema de economía de escala. La llegada de una nueva generación al poder, fraguada en el entorno digital, no se deja notar al menos en el programa aprobado.

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Hay algo aún más grave que una agenda digital potente y es la falta de perspectiva tecnológica en las medidas dedicadas a la industria. Desde los tiempos del apoyo de PNV y CiU a los gobiernos de España que no se hablaba en un programa de la necesidad de recuperar la industria. Esa es una buena noticia. Pero en este punto, el pacto se limita a las habituales proclamas a favor de la competitividad y de la calidad del empleo. Necesarias pero insuficientes. Y se insiste en actuar para mantener aquellas empresas que son fuente de ocupación en sus territorios. Y en este punto se confunden los fines con los medios. La transformación exige cambiar unas actividades por otras y ello debe hacerse garantizando la igualdad de oportunidades y la cohesión territorial. Lo contrario lleva a desastres como los que sufren muchas comarcas europeas dedicadas a un carbón subvencionado, por ejemplo, mientras que la nueva economía se instala en otros lares. La preservación de la industria, frente al monopolio de los servicios, es un reto europeo que se debe afrontar con mentalidad disruptiva no con subvenciones a la obsolescencia. Ese es el camino que nuevamente sorprende que una coalición progresista -sería mejor que fuera de progreso- no tome de una manera más decidida. Un error que importa poco a los que vociferan contra este nuevo Gobierno, casi todos ligados a los servicios y a las concesiones del Estado.