26 feb 2020

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La inhabilitación de Torra

Concentración en la plaza de Sant Jaume en apoyo de Torra tras su inhabilitación, este viernes.

ROBERT RAMOS

La JEC pone la guinda al pasteleo

Josep Martí Blanch

El órgano ha salido al rescate de Vox, PP y Cs para dificultar la investidura de Sánchez

En el Madrid político y mediático el aire se puede cortar desde hace días con un cuchillo. España vendida a cambio de una investidura. España humillada por un acuerdo entre rojos y separatistas que atestigua por escrito la existencia de un conflicto político en Catalunya que debe resolverse políticamente -y escandalícese también usted por lo que viene ahora- sin más límites que el respeto a los instrumentos y a los principios que rigen el ordenamiento jurídico democrático. Hay que salir al rescate de España que si no se nos va por el sumidero.

Y ahí están, un día después de formalizarse el pacto PSOE-ERC, los miembros de la Junta Electoral Central (JEC) dispuestos a echar una mano, a extralimitarse, a pasarse por el forro la razón jurídica y lo que haga falta, con tal de poder inhabilitar de un modo exprés al presidente de la Generalitat, Quim Torra, y a Oriol Junqueras, sin esperar tan siquiera a que el Tribunal Supremo resuelva el recurso que está pendiente tras la sentencia condenatoria del TSJC, en el primer caso, y como aplica la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea afirmando que el líder republicano gozaba de inmunidad parlamentaria desde el momento que finalizó el escrutinio de las elecciones europeas, en el segundo.

Ni la composición de la JEC ni algunas de sus decisiones precedentes invitan a ser cautos con algunas afirmaciones. Juegan, al menos desde que dio inicio el proceso, a hacer política y la función de velar por la transparencia y objetividad del proceso electoral, más que devaluada, es ya tan solo una broma de mal gusto. La decisión de inhabilitar a Torra, con seis votos particulares sobre un total de 13, es la guinda, no del pastel, si no del pasteleo.

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Independientemente de cómo vaya a acabar el asunto, con los recursos que puedan interponerse y, en el caso de Quim Torra, un Estatut de Catalunya que dice literalmente que tan solo una sentencia en firme puede ser motivo de destitución del presidente, no cabe duda de que la JEC ha querido bajar al barro de la arena política. Y lo ha hecho para añadir leña al fuego y dificultar una investidura de Pedro Sánchez que, no solo la derecha y la ultraderecha viven como un fin del mundo, sino que también es percibida del mismo modo por la mayoría de los hombres y mujeres que forman parte del estado que no se legitima en las urnas porque supuestamente sus sillas y sillones están ganados gracias al mérito y la competencia. La JEC ha salido al rescate de Vox, PP y Cs poniendo presión a la caldera de los independentistas, obligados a subir el tono, y dificultando de este modo los difíciles equilibrios de Pedro Sánchez en sus propias filas.

Pueden ustedes pensar que esta es una interpretación excesivamente paranoica y que en realidad se han limitado tan solo a aplicar sus amplios conocimientos e interpretar honestamente una legislación que les permite hacer lo que han hecho aunque sea a base de retorcer el espíritu con el que fue redactada hasta dejarlo irreconocible. Peor me lo ponen. Porque entonces solo cabe pensar que la JEC está mayoritariamente en manos de personas con mentalidades pre o netamente antidemocráticas. Y aun así, mañana empezará el debate de investidura.