23 sep 2020

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La aventura de crecer

Estampa familiar de la última ’Mujercitas’.

Nuestras 'Mujercitas'

Mónica Vázquez

El clásico ahora se refresca la cara y vuelve, con la frente alta y la voz clara, a decir que el mundo es tuyo, sé lo que quieras ser

Nuevos tiempos no siempre necesitan de nuevas historias, pero sí de nuevas maneras de contarlas. El mundo ha cambiado porque nosotros hemos cambiado, y traemos nuevas formas de expresar quienes somos y qué buscamos. Pero algunas guerras perduran, y sus trincheras se clavan, profundas, sangrando durante siglos, y de la nostalgia, aunque a veces peligrosa, podemos sacar herramientas de futuro. Podemos aprender a mirar mejor todos aquellos paisajes que nos enseñaron a andar y que nos inspiraron a comenzar a forjar nuestro camino. Podemos mejorarlos, dibujarlos de nuevo, y cambiar el rumbo si hace falta.

'Mujercitas' es una película que marcó la infancia de millones de personas, renovándose generación tras generación, negándose a desaparecer en el olvido, manteniendo vivo el espíritu del libro que las trajo al mundo de mano de Louisa May Alcott en 1868. Parece una licencia poética de la historia que justo antes de terminar una década de cambios y revoluciones que llevábamos mucho tiempo necesitando, llegue una versión más del clásico -la cuarta y mejor valorada por público y crítica- para recordarnos la aventura que fue, es y siempre será, crecer. Pasar de niña a mujer; esa peligrosa odisea irisada de mil vórtices que conspiran para atraparte en un pálido reflejo de lo que podrías ser.

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Las hermanas March han vuelto a la gran pantalla con la ayuda de Greta Gerwig y, capitaneadas por Saoirse Ronan en el papel de Jo, traen de nuevo las alegrías y miserias de cuatro hermanas que luchan por encontrar su lugar en el mundo, enfrentándose a una realidad que no cuenta con ellas, negándose a ser un juguete de la sociedad. Alcott nos regaló una historia que azuzaría la imaginación de incontables niñas durante generaciones, armándolas para la guerra lenta y asfixiante del machismo. Y ahora se refresca la cara y vuelve, con la frente alta y la voz clara, a decir, con aires de mañana, lo que siempre dijo y aún necesitamos oír: que el mundo es tuyo, niña, ve a por él y sé lo que quieras ser. Sé fuerte, y no tengas miedo porque, venga lo que venga: puedes.