03 abr 2020

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Ingenios centenarios

Ilustración de ’Los grandes inventos del TBO’.

Parece un invento del TBO

Juli Capella

La fuerza de las ocurrencias del profesor Franz de Copenhague, que cumplen un siglo este 2020, radicaba en lo absurdo de algunas ideas

Este 2020 nos va a tocar rememorar célebres inventos que cumplen ahora un siglo. Por ejemplo, el secador de pelo, la tirita o el semáforo. Los “alegres” años 20 fueron prolijos en invenciones civiles apoyadas en la investigación bélica de la primera guerra mundial. Por ejemplo, la insulina y la penicilina. También se modernizó y perfeccionó la radio y apareció la televisión. Como curiosidad cabe anotar que en 1920 el 30% de los coches vendidos en Estados Unidos eran eléctricos. Ojalá este año alcanzásemos el ese mismo porcentaje.

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En España tendremos una efeméride histórica, Juan de la Cierva creó su primer autogiro en 1920, precursor del helicóptero. Pero en el 2020, sobre todo, habrá que rendir homenaje a 'Los Grandes Inventos del TBO'. La sección dedicada a rocambolescos inventos que comenzó precisamente en 1920 y estuvo vigente de forma intermitente hasta la desaparición definitiva de la revista en 1998. Tuvo diversos dibujantes, pero a partir de 1960, fue el perito mecánico Ramón Sabatés el encargado de idear las ocurrencias del profesor Franz de Copenhague. La gracia de sus propuestas no era que anticipase objetos como el mando a distancia, o el aparcamiento vertical, tampoco que algunas propuestas se pudiesen fabricar. Al contrario, su fuerza radicaba en lo absurdo de algunas ideas. Por ejemplo, utilizar un elefante para que fuese limpiando con un chorro de agua de su trompa las gafas de un ciclista, para lo cual debía remolcar al animal. O un sistema para que no tener que apretar el timbre al visitar una casa, bastaba pisar la alfombrilla, a su vez conectada con una caldera de leña que calentaba agua que convertida en vapor espoleaba un puño que apretaba el botón por ti. De ahí el dicho popular ante algo estrafalario de “parece un invento del TBO”. Ciertamente los españoles somos muy ingeniosos, pero las patentes en serio, solicitadas por España en el 2017 apenas fueron 1.676, mientras que Alemania superaba las 67.000. Y no eran precisamente cachivaches para hacer reír.

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