EL CONFLICTO DE ORIENTE PRÓXIMO

La guerra interminable en Siria

El Ejército sirio, con la ayuda de Rusia, vuelve a bombardear objetivos civiles en Idlib

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La provincia de Idlib ha sido arrasada por los bombardeos de aviones del régimen de Damasco y de Rusia.

La provincia de Idlib ha sido arrasada por los bombardeos de aviones del régimen de Damasco y de Rusia. / EUROPA PRESS / ANAS ALKHARBOUTLI

Tal vez Idlib sea el último bastión a conquistar antes de que el Gobierno sirio de Bachar el Asad declare el final de la guerra. Por eso no han parado de caer bombas las dos últimas semanas. Una lluvia constante de la aviación y el ejército sobre Idlib y algunas de las ciudades vecinas han devuelto imágenes que desgraciadamente resultan muy familiares en el contexto sirio: miles de personas corriendo como gallinas descabezadas, mientras bombas de racimo y morteros, previos al asedio desploman edificios y masacran civiles.

Con el argumento de que entre los grupos rebeldes se esconden facciones vinculadas a movimientos radicales islámicos -cosa cierta, ya que se han ido replegando hacia esta provincia- el ejército sirio, apoyado por la inteligencia rusa, rompió el alto el fuego acordado en verano en Naciones Unidas y apunta desde hace dos semanas a objetivos civiles, incluyendo mercados y centros de atención médica. El resultado es catastrófico. De esta región de unos tres millones de habitantes, todavía en manos rebeldes, casi medio millón había huido desde el inicio del conflicto y si la campaña de acoso continúa no se tardará en forzar que un número similar siga el mismo camino. La diferencia ahora es que la frontera vecina en Turquía está cerrada a cal y canto, es muy peligroso intentar cruzarla en ambos sentidos y las organizaciones de ayuda apenas pueden acceder para ofrecer socorro a los cientos de miles de víctimas.

El fracaso de Trump

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No parece que los que huyen ahora, mas allá de la solidaridad en algún poblado vecino, todavía en calma relativa, puedan llegar a recibir mucha ayuda. Pero ellos solo son la punta del iceberg. La crisis humanitaria está a la vista, pero este último ataque a Idlib esconde una crisis mucho mayor que aunque no se perciba a simple vista evidencia el desequilibrio occidental en la agenda de seguridad global y el fracaso en particular de EEUU de Donald Trump. Fue el presidente americano quien decidió sacar a sus tropas de Siria de la noche a la mañana. Sin consultar a sus socios de la OTAN, ni a sus asesores en el pentágono, dio la orden de retirada, entregando el relevo militar a Turquía, cuyo interés no es evitar ninguna masacre, sino controlar a los kurdos, los mejores aliados de occidente contra los radicales islámicos.

El resultado de todo este caos de relaciones peligrosas está a la vista. En medio del vacío de poder, Turquía se ha entregado a desplegar soldados por todo el Kurdistán, mientras en el resto del país Vladimir Putin, sin rivales en el horizonte, da mano libre a su discípulo sirio Bachar el Asad para que acabe el trabajo sucio que empezó hace ocho años. Las imágenes nos devuelven al centro de una guerra interminable en Siria. Arde Idlib, pero aunque el último reducto rebelde caiga, mas que el final del conflicto, las llamas apuntan al desastre que expulsa a otro cuarto de millón de personas y al declive de la influencia de EEUU en la agenda global en este infierno que contribuyó a crear.