26 oct 2020

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sobre el suicidio

Quitarse de en medio

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Quitarse de en medio

Mar Calpena

Casi 3.700 personas se quitaron la vida voluntariamente el año pasado en España, y aunque pueda parecer que fue la más personal de las decisiones, hay cierto grado de fracaso y responsabilidad colectivas

Cuando llega la noticia de que alguien a quien conocías se ha suicidado, la primera reacción es siempre de incredulidad. ¿Cómo ha podido? ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué no lo vi venir? Aunque no se trate de alguien cercano – estos días me ha ocurrido a cuenta del de Ari Behn, exesposo de Marta Luisa de Noruega– imposible no recordar otros casos más próximos. Casi 3.700 personas se quitaron la vida voluntariamente el año pasado en España, y aunque pueda parecer que la suya fue la más personal de las decisiones, hay cierto grado de fracaso y responsabilidad colectivas en todo esto.

Para empezar, en el tratamiento que damos los medios a un tema tan espinoso. Durante mucho tiempo en las redacciones no se cubría el tema, con la creencia –no del todo equivocada, ojo– de que podía darse pie a imitaciones (lo que los psicólogos llaman efecto Werther). Pero desde hace ya unos años se habla en cambio del efecto Papageno, que tiene en cuenta que una información adecuada puede servir para prevenirlo.

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La OMS hizo públicas una nueva serie de recomendaciones en el 2017 sobre cómo escribir acerca del suicidio. En primer lugar, tenemos la responsabilidad de explicar que el suicidio no es un destino inexorable; por cada persona que muere, muchas más encuentran una salida a su angustia mediante tratamiento o ayuda externa, como la del Teléfono de la Esperanza (717 003 717), centros de atención primaria u otras vías.

Por otra parte, no debemos revestir de glamur ni morbo la vida o la muerte de los suicidas, algo que estos días no se ha respetado, con algunos artículos de auténtica vergüenza ajena, y no precisamente publicados en revistas de papel cuché (las cuales, como los programas del corazón, deberían por cierto comenzar de una vez a asumir sus obligaciones deontológicas igual que cualquier otro medio). Y también es necesario que nos esforcemos por no estigmatizar ni simplificar los problemas de salud mental, y que ayudemos a quien los sufre a encontrar auxilio, en lugar de considerarlo débil e inestable. Hagámoslo, pues nos va la vida en ello.

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