11 ago 2020

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Laboratorio de los pactos de izquierda

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

JOAN CORTADELLAS

Barcelona y los tripartitos 'sui generis'

Jordi Mercader

Colau no consigue instalarse en la centralidad ciudadana que asegura aprobados generales y victorias electorales sólidas

El pacto de izquierdas barcelonés obtiene una valoración alta y, según parece, internamente funciona incluso mejor. El temor a un protagonismo condicionador por parte de Manuel Valls desapareció al poco de constituirse el consistorio; sus votos no han vuelto a ser decisivos y, por ahora, su aportación a la historia local se reduce a ser quien impidió que el independentista Ernest Maragall fuera alcalde. Los votos relevantes han sido los de ERC, una vez superado el duelo por la pérdida de una alcaldía que celebraron precipitadamente en la noche electoral.

La predisposición republicana a colaborar con BeC y PSC, personificada en Miquel Puig y Jordi Coronas, tiene premio al permitir a Maragall recabar la nota más alta y apuntar una subida electoral; pero sobre todo, le sirve a ERC para estrechar su relación con Ada Colau para un gobierno autonómico progresista y a la alcaldesa le ofrece crédito para empujar, con más ilusión que nadie, un acuerdo en Madrid. El PSC se deja llevar sin estridencias, concentrándose en la proyección de Jaume Collboni en los sectores más asustados con Colau.

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Esta experiencia de tripartito imperfecto, con uno de los actores en la oposición, pende de un fino hilo que se estira a partir de la investidura de Pedro Sánchez. La aprobación de las ordenanzas fiscales de Barcelona es tan solo un primer paso y el acuerdo entre ERC y los 'comuns' sobre los ingresos del presupuesto de la Generalitat es una muestra de que el efecto dominó puede ser algo más que una teoría y que la era de los tripartitos sui géneris está al caer.

El Govern de Torra no ha aprobado el presupuesto porque está pendiente de un nuevo acuerdo sobre el gasto que debería ver la luz a mediados de enero, siempre y cuando PSOE, PSC y ERC hayan cerrado su pacto en Madrid. Si esto se cumple, el ayuntamiento aprobará sus presupuestos a finales de enero, la Generalitat dispondrá de los suyos en primavera y España tendrá un gobierno de izquierdas. Si el hilo se enreda, no habrá nada, solo lamentaciones y acusaciones cruzadas de irresponsabilidad.

Mientras, Colau ha perdido un punto de valoración en cuatro años; nada insuperable; lo preocupante para ella debería ser que se mantiene como una alcaldesa a la que unos adoran, concediéndole notas altísimas, y otros detestan, expresando su rechazo de forma categórica en los barómetros municipales. No consigue instalarse en la centralidad ciudadana que asegura aprobados generales y victorias electorales sólidas. Muchos votantes socialistas todavía no han digerido el pacto con Barcelona en Comú, valoran mal a la alcaldesa y su intención de seguir votando a Collboni retrocede, aunque la imagen del teniente de alcalde despierta buenas vibraciones en el resto de barceloneses. La “alcaldesa de los pobres” y su lucha contra los poderosos (Agbar y las eléctricas se resisten con éxito) tal vez ya no dé para más y deba buscar en la emergencia climática (preocupa mucho al 52,6% de los barceloneses) un nuevo campo de batalla personal.