26 sep 2020

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opinión

Aleñá, en el choque del Barça ante el Mallorca en el Camp Nou.

VALENTÍ ENRICH

Aleñá como síntoma

Jordi Puntí

En el fondo su salida temporal al Betis puede verse como un contrato de prácticas, para coger experiencia

Un día u otro, la mayoría de futbolistas que salen de la Masia y llegan al primer equipo, acaban pronunciando esta frase ante un micrófono: "Yo quiero triunfar en el Barça". Esos mismos futbolistas también llegará un momento en el que tendrán una duda: "¿Prefiero ser cola de rape o cabeza de sardina?". Bueno, quizá no utilicen la comparación tal cual, pero en el fondo se preguntarán si lo que les gusta es jugar al fútbol o vivir en el vestuario del Barça y, de vez en cuando, arrancar unos minutos al entrenador de turno.

A punto de cumplir 22 años, Carles Aleñá es el último jugador que se ha enfrentado a esta lucha por la supervivencia, y se puede pensar que en el fondo ha salido bien parado: la cesión por media temporada al Betis, sin opción de compra, es una buena solución temporal para un jugador que necesita “sentirse importante” -otro tópico recurrente- y además le deja entreabierta la puerta del Barça.

En el fondo su salida temporal puede verse como un contrato de prácticas, para coger experiencia. Ahora mismo el Betis es un equipo ascendente y es fácil suponer que Aleñá se adaptará bien a la idea del fútbol que tiene Rubi. Además coincidirá con Marc Bartra, otro blaugrana que en su momento recibió un cierto ostracismo, en su caso por parte de Luis Enrique.

En realidad, como mínimo en el entorno blaugrana, se suelen vender las cesiones como una oportunidad, pero en el fondo son la antesala del traspaso. Me cuesta recordar un jugador que haya vuelto entre laureles tras una cesión, y en cambio la lista de cedidos que no sacaron provecho de su ida y vuelta es notable: quizá Denis Suárez sea el caso reciente más obvio, junto a los de Deulofeu, Rafinha, Miranda o Cucurella, por citar solo a jugadores que subieron de las categorías inferiores y apuntaban alto.

Un centro del campo incómodo

En el Barça de los últimos años todo ha sido coyuntural, con una política de fichajes y de cantera a menudo errática, con una creciente fuga de talentos y una dependencia del resultado por encima del juego que lastraba el riesgo de hacer debutar a los más jóvenes. Los casos de Ansu Fati y Carles Pérez son una rareza feliz, nacida de la necesidad por las lesiones, en una temporada que empezó con aires de cambio y en la que Aleñá se ha convertido en un síntoma del Barça que dirige Valverde.

La liga empezó frente al Athletic Club con Aleñá de titular, al lado de Sergi Roberto y De Jong, con Busquets en el banquillo y Arthur como alternativa más visible. De pronto Rakitic Arturo Vidal tenían estatus de secundarios, cuando no de figurantes. Tras esa primera derrota, sin embargo, Aleñá vivió su particular Siberia y dejó de aparecer en las alineaciones. Desde entonces el juego irregular ha obligado a remodelar una y otra vez un centro del campo incómodo, y a las puertas del mercado de invierno, Rakitic Vidal son de nuevo intransferibles. Y Aleñá es por fin invitado a ir de excursión.

En este panorama, se comprende que Riqui Puig no quiera aceptar una cesión cualquiera y prefiera seguir en la trinchera de la Segunda B, a la espera de acontecimientos. Seis meses pasan volando.