11 ago 2020

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ADIÓS AL 2019

La activista sueca Greta Thunberg, en la cumbre del clima de Madrid. 

Juega la protesta, gana la patria

Emma Riverola

El mundo se agita. Y no está claro que sea para mejor. Amaneció el 2019 con la investidura de Jair Bolsonaro: «Los intereses brasileños estarán en primer lugar». El ocaso del año llega con la victoria inapelable de Boris Johnson y la inminente ejecución del 'brexit'.  Entre medio, un grito de protesta ha recorrido el planeta pidiendo un mundo mejor. Desde el Líbano a Irak. Desde Chile a Bolivia y al CaribeTambién Hong Kong. Y Francia. Y Argelia. Y sí, también Catalunya. Y poco tienen en común uno u otro estallido. Unos se desencadenan por la subida del transporte o del carburante o por una tasa en las llamadas de Whatsapp. Otros reclaman reformas fundamentales o el fin de la corrupción. Resuena el clamor por la democracia. También contra la desigualdad.

El fantasma del descontento recorre el mundo sin encontrar un cielo que lo acoja. El naufragio de la Europa del bienestar, el desconcierto de la socialdemocracia, el fracaso latinoamericano de aquellos que prometieron crecepelos justicieros... Fueron cayendo todos los milagros. Por culpa propia o ajena. Y en este 2019, por las rendijas de los sueños rotos, han emergido movimientos sociales que reclaman cambios. De Líbano a Irak, nuestro dolor es uno, se leía en una pancarta en Beirut. «¡Piñera, renuncia!», se grita en Chile. «¡Suicidaos!», espetan los chalecos amarillos a la policía francesa. Y al son del Bella Ciao, las Sardinas italianas plantan cara al populismo xenófobo de Salvini. Este es el año de las movilizaciones. Las redes conectan, y la calle es el campo de batalla. En las esquinas, resuena el eco de la risa de Joker.

Disturbios post-sentencia, el 17 de octubre, entre paseo de Gràcia y Pau Claris. / FERRAN NADEU

Las protestas han prendido de Chile y Bolivia a Irak y de Francia y Hong Kong al Líbano y Catalunya 

De nuevo, nosotros frente a otros

La nueva versión del personaje de cómic se ha convertido en uno de los rostros de este 2019. Tan histriónico. Tan hiriente. Tan perdido. Frente a la ficción del desencanto, el rostro resuelto de una adolescente ha escupido la verdad a la élite política y empresarial: vamos al desastre si no cambiamos nuestro modo de vida. Hasta Donald Trump se ha permitido despreciar a Greta Thunberg públicamente. Demasiada sinceridad para uno de los reyes del populismo nacionalista. Cada vez acumula más poder ese reino de bufones: Bolsonaro (Brasil), Orban (Hungría), Rodrigo Duterte (Filipinas), Modi (India) o Johnson (Reino Unido). Payasos que canalizan la insatisfacción hacia feministas e inmigrantes mientras agitan las banderas. Un viejo número de circo con olor a naftalina de los años 30. Mientras los alentadores del odio sirven a los oligarcas de los paraísos fiscales, las redes amplifican y alimentan los rencores. De nuevo, nosotros frente a otros. De nuevo, nosotros primero.

'Un violador en tu camino', en Río de Janeiro, el 3 de diciembre.  / SILVIA IZQUIERDO (AP)

Thunberg ha puesto el rostro a la lucha climática y el feminismo sigue batallando contra el machismo y el neoliberalismo que quiere amansarlo

Y si Greta ha puesto el rostro de la lucha medioambiental, el feminismo sigue batallando. Contra el machismo. Contra el neoliberalismo que quiere amansarlo. Contra los bufones que lo señalan como enemigo. No hay paz para un movimiento que sobrepasa las fronteras, que defiende y protege la diversidad. «El violador eres tú», entonaron en una plaza de Chile. Y la 'performance' se reprodujo en calles de todo el mundo. Los datos de la violencia machista desnudan la tragedia. Más de medio centenar de mujeres asesinadas este año en España. Las denuncias por violaciones no dejan de crecer. Las manadas se han convertido en un trágico fenómeno.

De las sonrisas a las hogueras

En Catalunya, la revolución de las sonrisas ardió en las hogueras de Barcelona. El juicio del ‘procés’ llegó, se siguió con sentimientos encontrados y se cerró con una severa condena. ¡Represión!, gritan unos. Aún es poco para unos golpistas, recriminan otros. Lejos quedan los días en los que se recibían con burlas las notificaciones del Tribunal Constitucional. Los vientos sembrados por los políticos amenazan tempestades. Ya hay siete miembros de los CDR investigados por presunto terrorismo. El Tsunami convoca y desemboca concentraciones sin mostrar su rostro. El eco de la risa del Joker. Mientras, Puigdemont ya se pasea por el Parlamento europeo y Catalunya sigue inmersa en una parálisis política que marca el ritmo de la política española. Al menos, siempre nos quedará Rosalía, la Reina indiscutible.