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La conjunción de debilidades

Lograr la investidura no asegura el éxito de la legislatura. Ya no sirve el ir tirando

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Sánchez e Iglesias, antes de la firma del preacuerdo.

Sánchez e Iglesias, antes de la firma del preacuerdo. / REUTERS / SERGIO PÉREZ

No hay bien que por mal no venga. La repetición electoral del 10-N ha provocado una conjunción de debilidades que ha simplificado el escenario coalicional. El PSOE gana las elecciones el 10-N mejorando muy ligeramente los resultados del 28-A, pero se le cierran diversas combinatorias posible para acceder al Gobierno. Con Cs ya no suma, la debacle del partido naranja se lleva por delante cualquier tentación liberal-progresista. Con el PP no es posible cerrar una gran coalición a causa de un Vox demasiado crecido: los de Pablo Casado están muy temerosos de que les coman terreno. La opción de unas terceras elecciones podría llevar a la victoria de las derechas, una vez Cs sale de la ecuación y se reduce la fragmentación en el ala derecha del tablero. Y las derechas no suman.

Pedro Sánchez entendió desde el primer momento que solamente podía ser presidente pactando el Gobierno con Podemos. Y que la mayoría parlamentaria para sustentar su Ejecutivo la debería encontrar en los independentistas y nacionalistas periféricos. Así pues, esta nueva repetición electoral ha abierto la puerta al tránsito hacia un escenario inédito en la vida política española desde la recuperación de la democracia. En primer lugar, por la construcción de un Gobierno de coalición (no se producía desde la Segunda República) que respondería a la realidad cada vez más fragmentada del mapa político.

En segundo lugar, por una triangulación con los dos vectores de cambio que han visualizado en la última década el deterioro del llamado 'régimen del 78' (en el que los propios socialistas fueron la columna vertebral). Así pues, Podemos y confluencias (como materializaciones del espíritu del 15-M) y el independentismo (como símbolo del agotamiento del modelo autonómico) devendrían imprescindibles para la gobernabilidad del país.

Pero conseguir la investidura no asegura el éxito de la legislatura. El PSOE debe ser consciente que ya no sirve el ir tirando: España necesita hacer frente a los grandes retos de país. Para poder sumar mayoría parlamentaria, pero también para gobernar una sociedad compleja, se requiere de importantes dosis de valentía y una apertura hacía la innovación transformadora.

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Una parte de la opinión publicada ha empezado a querer ver una cierta recuperación del bipartidismo. Nada más lejos de ello. Sería un error que Sánchez se dejara seducir por tales argumentaciones. Que las expresiones electorales asociadas a los vectores de cambios vean desgastadas sus expectativas no quiere decir que el mundo de ayer esté volviendo. No volverá. Quizá un ciclo de protesta se esté cerrando (las crisis organizativas de la formación morada o los impactos indeseados del fracaso de la vía unilateral del independentismo podrían ser síntomas), pero no sería inteligente que eso se confundiera con una suerte de cierre de las grietas del régimen.

Los desafíos allí están. Solamente se podrá avanzar si se transitan importantes apuestas en el terreno de las políticas públicas (económicas, sociales, culturales), pero también de reformas de la institucionalidad (organización territorial, administración pública o poder judicial).

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