Encuentros de Economía en S'Agaró

Enseñar a los caníbales a comer con tenedor

El imperativo de la competencia por delante de la vida humana no es sostenible. Habrá que recuperar a Adam Smith y recordar que una economía rica debe hacer rica a su población

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Enseñar a los caníbales a comer con tenedor

MONRA

En 1989 el ministro de Economia y Finanzas Carlos Solchaga decidió celebrar el primer Ecofin en Catalunya y escogió el enclave de S’Agaró. Ministros de Economia y Finanzas, presidentes de bancos centrales, secretarios de Estado del Tesoro y periodistas de toda Europa desembarcaron en la Costa Brava y así empezó todo. Pocos meses después impulsé una cena-debate de amigos en el S’Agaró Hotel sobre la economía catalana. El catedrático Fabià Estapé, Joan Tapia, director entonces de 'La Vanguardia' y hoy presidente del comité editorial de EL PERIÓDICO, y Ramon Trias Fargas, ‘conseller’ de Economia i Finances, aceptaron mi propuesta. También se sumaron Andreu Morillas, decano de los economistas, y Anna Birulés, en la época presidenta del COPCA. Ya habíamos prendido la mecha.

Durante 24 años hemos organizado de forma sostenida los Encuentros de Economía, con algunas salvedades debidas a la situación política y económica. En 1992 tenía convencido a Luis Ángel Rojo, gobernador del Banco de España, para que inaugurase el encuentro. Sonó el teléfono: «Doña Anna, siento comunicarle que no podré atender su invitación. Este miércoles me he pasado toda la noche aguantando la peseta, no puedo ir a contar desgracias». En 1979 se había acordado constituir el Sistema Monetario Europeo (SME) para acotar la inflación desbocada por la crisis del petróleo. Se estableció un cambio fijo de divisas y bandas de fluctuación por arriba y por abajo con el compromiso de que cada país defendería la suya, comprando o vendiendo.

La unificación alemana y la especulación

Nadie contaba en que llegaría la unificación alemana y faltaría dinero para compensar el generoso cambio entre las dos Alemanias. Subieron los tipos de interés y se apreció la cotización del marco, hundiendo a las divisas referenciadas. Gran Bretaña, Italia y España aguantaban como podían. Ahí aparecen George Soros y Stanley Druckenmiller al frente del Quantum Hedge Fund. Empezaron a comprar marcos y vender principalmente libras. Los ingleses subían el tipo de interés –10%, 12%, 15%–, mientras Soros, sin vacilar, seguía comprando marcos y vendiendo libras. Esta lucha titánica acabó el miércoles negro del 16 de septiembre de 1992 con Luis Ángel Rojo totalmente desvelado y yo escuchando perpleja la profundidad del desastre. Los ingleses en huida del SME y la libra, desplomándose un 15%. A España le dejaron devaluar solo un 5%, pero como el tipo no era creíble el mercado obligó a dos devaluaciones más. Los de Quantum ganaron 1.100 millones de libras y siguieron especulando. No nos extrañemos de que la experiencia influyera en que los ingleses no hayan querido repetir con tipos de cambio fijos y por ello no estén en el euro.

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En 1993 traté de convencer a Pedro Solbes. Sentados en el Ministerio de Agricultura, con vistas a la reformada estación de Atocha, Solbes escuchó mi argumentario y contestó muy amablemente: «No puedo ir. No quiero contar miserias». En 1993, los países desarrollados estaban afectados por el estallido de la burbuja inmobiliaria, agravada por las tensiones del precio del petróleo en plena guerra del Golfo que alimentaron la inflación. España escapó del alud gracias al volumen de inversión pública vinculada a los acontecimientos de 1992: JJOO, Expo en Sevilla, extensión del AVE Madrid-Sevilla… Pero la bola de nieve no se paró y, después del esfuerzo inversor, la deuda era alta y la finalización de las obras aumentó un desempleo ya crecido. España tuvo que devaluar su moneda por tercera vez, junto con Reino Unido, Italia y Portugal, y además los dos primeros se vieron obligados a abandonar el SME. Con la inflación que no cedía pese a la recesión, y sin ministros dispuestos a acompañarnos en los debates, no quedó otra que tomarnos un receso.

La experiencia nos ha enseñado no volver a posponer el Encuentro de Economía, reanudado en 1998 hasta este noviembre con la 24ª edición. Desde el año 2000, nos ha acompañado la Cámara de Comercio de Barcelona, primero con Antoni Negre, y desde el 2002 con Miquel Valls, hasta la ultima edición cuando se ha incorporado la Cámara de España. Hemos aprendido que el capitalismo de vigilancia basado en externalizar los costes e internacionalizar los beneficios no puede ser el camino. El imperativo de la competencia por delante de la vida humana no es sostenible. Habrá que recuperar a Adam Smith y recordar que una economía rica debe hacer rica a su población. Deberemos disminuir la capacidad de presión de los poderes económicos sobre la política y los medios de comunicación y parafraseando a John Elkington, hay que enseñar a los caníbales a comer con tenedor. El próximo noviembre será el 25º aniversario, vamos a empezar a probar.